Cumbre G7 debe incrementar su esfuerzo en la conservación del océano

La cumbre del G7 debe incrementar su esfuerzo en la conservación del océano. Por (*) Joachim Claudet y Monica Verbeek

La cumbre del G7 debe incrementar su esfuerzo en la conservación del océano. Por (*) Joachim Claudet y Monica Verbeek

Del 24 al 26 de agosto, los jefes de Estado y de gobierno de Alemania, Francia, Canadá, Italia, Japón, Reino Unido, Estados Unidos y la Unión Europea se reunirán en Biarritz con ocasión de la 45º cumbre del G7. Con el presidente francés Emmanuel Macron como anfitrión, y acompañados por la sinfonía de las olas rompiendo en las aguas bravas del Golfo de Vizcaya, entrarán en un escenario perfecto para abordar dos de los temas principales de la cumbre: la necesidad de proteger nuestro planeta y la lucha contra la desigualdad.

A primera vista tal vez no se aprecie cómo estos temas están relacionados con el océano pero en realidad es muy sencillo: para proteger nuestro planeta debemos proteger nuestro océano, un océano del que dependen millones de personas y comunidades costeras para garantizar su bienestar, alimentación y puestos de trabajo. El IPBES, el Grupo Intergubernamental sobre biodiversidad, equivalente al Grupo Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC), acaba de demostrar en su evaluación mundial que el océano se encuentra gravemente amenazado por las actividades humanas. Ante esta alarmante situación, la cumbre del G7 de este año debe de priorizar el océano y adoptar medidas para protegerlo.

El mar cubre un 71% de nuestro planeta, produce la mitad del oxígeno que respiramos, contribuye a regular el clima y ya se ha demostrado que es un gran aliado en nuestra lucha contra el cambio climático. Ha capturado un tercio del carbono que hemos emitido y ha absorbido un 90% del calor adicional resultante del incremento de gases de efecto invernadero. Pero esto tiene un coste: la temperatura y la composición química del océano se están alterando y la vida marina se ve afectada negativamente. Es vital hacer todo lo posible para mantener nuestros mares sanos y sus complejos sistemas en buen funcionamiento. Esto significa reducir la presión proveniente de las actividades humanas en el océano.

Uno de los principales problemas proviene de la sobrepesca. El informe del IPBES afirma que la pesca es el factor que ha tenido un mayor impacto sobre la vida marina desde 1970. La sobrepesca y los métodos de pesca destructivos causan una degradación de los hábitats y la extinción de especies, debilitando la resistencia del océano al cambio climático. La disminución de la población de peces amenaza la viabilidad económica del sector pesquero a largo plazo, y especialmente de los pescadores artesanales, que tienen problemas para mantenerse en el negocio ya que sistemáticamente tienen acceso a una proporción menor de unas poblaciones de peces ya de por sí menguantes. En África occidental, como en muchas otras zonas, grandes buques arrastreros industriales provenientes de todo el mundo, incluida la Unión Europea, compiten por el pescado con los pescadores locales, que en sus pequeñas embarcaciones luchan por obtener pescado con el que alimentar a sus familias y a su comunidad. Eso no es ni justo ni equitativo.

Poner fin a la sobrepesca tendrá efectos rápidos y positivos en nuestros mares, en toda la vida marina y en millones de personas. La experiencia demuestra que llevarlo a cabo se traduce en el crecimiento de peces sanos y abundantes y también beneficia enormemente a la industria pesquera. Es por ello que el Objetivo de Desarrollo Sostenible 14 para unos océanos sanos, así como el Reglamento de pesca de la UE, incluyen el objetivo de poner fin a la sobrepesca para 2020 mediante el establecimiento de cuotas pesqueras basadas en dictámenes científicos.

Para recuperar la salud de nuestro océano necesitamos complementar los esfuerzos para reducir la presión de las actividades humanas con la creación de una red mundial de Áreas Marinas Protegidas (AMP). Estos entornos seguros, en los que la vida marina se puede mejorar, están en aumento. Desde el año 2000, el espacio cubierto por las AMP se ha multiplicado por 10 a nivel mundial y recientemente, Francia ha anunciado que protegerá un 30% de su territorio marino mediante las AMP. Sin embargo, no es sólo el tamaño lo que importa, sino también que estén bien protegidas. En la práctica, la mayoría de las AMP sólo existen sobre el papel y actividades destructivas como el arrastre de fondo o la extracción de grava continúan sin impedimentos. Para que las AMP realmente funcionen, deben gozar de una protección plena, en la que sólo se puedan permitir unas pocas actividades industriales de bajo impacto. En la actualidad este es sólo el caso del 2% de las AMP a nivel mundial y del 0,5% de las AMP en la UE.

La ciudadanía reclama respuestas concretas ante las emergencias ambientales que estamos enfrentando. El G7 y la presidencia francesa pueden responder a este llamamiento asumiendo un papel de liderazgo para poner fin a la sobrepesca en 2020 y garantizar que de aquí a 2030 funcione una red eficaz de zonas marinas bien protegidas y bien gestionadas que cubra al menos el 30% de las aguas costeras y marinas del mundo. Este año, la cumbre del G7 tiene la oportunidad perfecta para demostrar al mundo que las grandes naciones industrializadas se toman en serio la protección de nuestro océano.

On 24-26 August, heads of states and governments from France, Canada, Germany, Italy, Japan, the United Kingdom, the United States, and the European Union are gathering in Biarritz for their 45th G7 summit. Hosted by French President Emmanuel Macron and accompanied by a symphony of breaking waves from the rough waters of the Bay of Biscay, they enter a perfect scenery for making progress on two of the summit’s main issues: the need to protect our planet and the fight against inequality. How these connect to the ocean outside the doorsteps of the G7 summit may not be apparent at first glance, but it is really quite simple; in order to preserve our planet we need to preserve our ocean – an ocean on which millions of people and coastal communities depend for their wellbeing, food and jobs. However, as IPBES, the intergovernmental body on biodiversity equivalent of The Intergovernmental Panel on Climate Change (IPCC), has just shown in its global assessment, the ocean is highly threatened by human activities. This year’s G7 Summit must prioritise the ocean and adopt measures to protect it.

The ocean covers 71 % of our planet, produces half of the oxygen we breathe, helps regulate our global climate, and has already proven to be a great ally in our fight against climate change. It has captured a third of the carbon we have emitted, and absorbed 90% of the extra heat trapped by increasing greenhouse gases. But this has come at a cost. The temperature and chemical composition of the ocean are changing and marine life is negatively affected. It is vital to do all we can to keep our seas healthy and the complex system working. This means reducing the pressure from human activities on the ocean. 

One main pressure is overfishing. The IPBES global assessment states that fishing has had the largest impact on marine life since 1970. Overfishing and destructive fishing methods cause degradation of habitats and extinction of species, undermining the resilience of the ocean to climate change. Dwindling fish population threaten the long-term economic viability of the fishing sector, and especially the small scale, artisanal fishers are having trouble to stay in business as they invariably get a smaller share of the diminishing fish stocks. In West Africa as in many other areas, large industrial trawlers from all over the world, including the EU, are competing for fish with local fishermen in small pirogues who struggle for a decent daily catch to feed their families and local communities. That’s not fair nor equal.  

Ending overfishing will have quick and positive effects on our seas, all marine life, and millions of people. Experience shows that ending overfishing results in healthy and abundant fish populations and hugely benefits the fishing industry as well. Therefore the Sustainable Development Goal 14 for healthy oceans as well as the EU fisheries regulation include a target to end overfishing by 2020 through the setting of fish quota based on scientific advice. 

To restore the health of our ocean, we need to complement efforts to reduce the pressure of human activities with the creation of a worldwide network of Marine Protected Areas (MPAs). These are safe havens where marine life can recover, and they are on the rise with an almost ten-fold increase in MPA coverage globally since the 2000s and a recent announcement by France that it will protect 30% of its marine territory in MPAs. However, it is not only the size that matters, but also how well they are protected. In practice most MPAs only exist on paper, and harmful activities like bottom trawling and gravel extraction continue as usual. For MPAs to really work, they must be fully protected, meaning  entirely free from impacting activities and extraction, or highly protected, meaning only a few low impact, non-industrial activities are allowed. Currently this is only the case for 2% of our global ocean and 0.5% of EU MPAs. 

Citizens are calling for action on the environmental emergencies we are facing. The G7 and its French Presidency can answer that call by taking a lead role to end overfishing by 2020, and ensure the implementation of a coherent network of effective, well-protected and well-managed MPAs covering at least 30% of coastal and marine waters by 2030 globally. This year’s G7 Summit is a perfect opportunity to show the world that big, industrialised nations take safeguarding our oceans seriously. 

(*) Dr. Joachim Claudet, National Center for Scientific Research (CNRS) PSL Université Paris y Dra. Monica Verbeek, Directora Ejecutiva de Seas At Risk 

 Creadores de Opinión Verde #CDO es un espacio de opinión colectivo coordinado por Arturo Larena, director de EFEverde

Esta tribuna puede reproducirse libremente citando a sus autores y a EFEverde

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