De Elcano a Greta. Por (*) Gustavo Catalán Deus

Greta Thunberg

Lo que acaba de realizar la adolescente sueca es una hazaña. Las comparaciones son odiosas, pero como se está celebrando la gesta de Elcano hace 500 años por dar la primera vuelta al mundo, parece que hay un paralelismo, entre aquello y esto, aunque medien cinco siglos y tres años de singladura frente a solo tres semanas. Lo de Elcano fue la excelencia, lo de Greta un gesto de mucho valor.

Su periplo ha ocurrido en este siglo, el de la navegación aérea, no náutica. Cambiar un viaje relativamente cómodo en avión durante siete horas por una travesía de tres semanas, se debe considerar hoy día una heroicidad, y más para una chica de 16 años.

“Mi viaje es un mensaje” ha dicho Greta al pisar tierra en Lisboa tras tres semanas dando tumbos por el Atlántico, cuando no es la temporada adecuada para cruzarlo de oeste a este. Y este otoño ha sido especialmente negativo para esa travesía.

En los últimos cinco años se ha producido un fenómeno inusual en el Atlántico Norte. Los huracanes que golpean las costas americanas se han dado la vuelta hacia Europa. Hace cinco años fue sólo uno; este han sido cuatro. ¿Será por el cambio climático? Todos seguidos, luego convertidos en borrascas más cerca de Europa; pero en la derrota de Greta.

Quién no haya navegado con fuerza 8 o 9 en la escala Beaufort, no puede ni imaginar qué ocurre en un pequeño catamarán. Las tripas de los tripulantes han tenido que resentirse mucho. Cabeceos, pantocazos, rociones, ruido y viento incesante… una tortura china.

Lo han logrado. Han navegado como hacían nuestros abuelos y bisabuelos cuando emigraban o retornaban de Iberoamérica, sólo por dar ejemplo. La capitana del catamarán ha hecho un trabajo increíble. ¡Vaya experiencia marinera!

Greta descansa en un hotel de Lisboa. Seguro que ahora padece el conocido como mareo de tierra. Es decir, se te mueve el suelo, la cama, el techo. El cuerpo no se acostumbra hasta 48 horas después a la tierra firme, quieta, serena… Como la que defiende con decisión Greta.

En solo tres días estará en Madrid. Estará a la cabeza de una manifestación que se presupone multitudinaria.

Donde se celebra la COP25, se viven jornadas desangeladas. Mucho espacio, bastante gente, ánimo para hacer de los pabellones un lugar confortable, pero completamente insípida.

Reunir durante 14 días a una cohorte de especialistas en repetir los mantras contra el cambio climático, es un deja vue. Nada nuevo bajo el sol. Llevamos así 25 años. O los responsables dan un golpe de timón. o esto empezará a oler más que el pescado -poco ya- que queda en los océanos.

(*) Gustavo Catalán Deus es periodista ambiental

Las opiniones vertidas en esta tribuna corresponden a su autor




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