Gas renovable, solución de futuro a la dependencia energética

Gas renovable, solución de futuro a la dependencia energética. Por (*) Marta Margarit

Gas renovable, solución de futuro a la dependencia energética. Por (*) Marta Margarit

La COP21, celebrada en Paris 2015, marcó un antes y un después en la conciencia de la humanidad sobre las implicaciones del cambio climático. El objetivo, frenar el calentamiento global a menos de 2ºC, con acciones adicionales para intentar contenerlo a 1,5ºC. Lo que ocurrió es conocido; tras 4 años de negociaciones 190 países (la ONU tiene reconocidos 194) se comprometieron a abrir una nueva fase de negociación internacional para acometer medidas para frenar el cambio climático. Esto supuso la involucración del 99% de las emisiones de los países que participan de la convención de las Naciones Unidas.

Los científicos indican que la única forma de frenar el calentamiento de la Tierra, es la reducción las emisiones de gases de efecto invernadero. Este efecto es un fenómeno por el cual ciertos gases retienen parte de la energía emitida por el suelo tras haber sido calentado por la radiación solar. Es un efecto similar al que ocurre en un invernadero, con la elevación de la temperatura. Los principales gases que producen este fenómeno son el dióxido de carbono, el metano y el óxido nitroso.

La Organización de Meteorología Mundial publica anualmente la evolución de las emisiones de estos gases. En dicha evolución, hasta el 2015, se ve claramente que la emisión de estos gases a la atmósfera aumenta con los años. Concretamente, el metano (CH4) tiene una evolución exponencial y se le atribuye un 17% de responsabilidad del calentamiento climático. Y es que su poder en términos de calentamiento equivale a 28 veces el del CO2.

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Por otro lado, en España, según el inventario nacional de emisiones, en 2017 se generaron 40 millones de toneladas de CO2 equivalente en formato metano. Contrariamente a lo que podríamos suponer, el principal origen de estas emisiones son: 62% agricultura y 30% residuos orgánicos. La energía sólo fue responsable de un 7% de estas emisiones. Concluimos pues, que el 92% de las emisiones de metano no son evitables en su origen.

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Fuente: Inventario nacional de emisiones 2017, Mapama

Hablando de residuos, un estudio realizado por el Instituto Goddard para la ciencia espacial, determina la emisión de metano por cada animal así como para el hombre.

Por lo tanto, si no podemos reducir el origen de las emisiones de metano, habrá que tratar el gas emitido para evitar que afecte al calentamiento global. Nos adentramos pues en la economía circular, iniciando el proceso con la mejora de la recogida y tratamiento de estos residuos. Conscientes la importancia de este proceso, la Comisión Europea, en la Directiva 2018/850 establece que “los Estados Miembros se esforzarán por garantizar que, a partir de 2030, TODOS los residuos aptos para el reciclado u otro tipo de valorización, en particular los residuos municipales, no sean admitidos en vertederos”, con un “objetivo de reducción del 10% de depósito de vertedero, para residuos municipales”.

Así pues, la economía circular pasa a ser protagonista. El proceso de aprovechamiento de los residuos a través de la digestión anaerobia no es nuevo. Desde siempre, el biogás como resultado de dicho proceso, es un combustible utilizado localmente en su lugar de producción. El proceso de limpieza y purificación (upgrading) del biogás, para conseguir un 98% de pureza en metano, permite, por un lado el aprovechamiento del metano inyectándolo en la red de gas, y por otro el poder tratar el residuo sólido sobrante, digestato, para poder ser utilizado como fertilizante. Este proceso circular, tiene además la función de ser sumidero de CO2: capturamos el metano que se emite espontáneamente, para evitar su efecto de calentamiento de la Tierra a la vez que reducimos la dependencia energética del exterior.

El gas renovable nos ayudará a mejorar la dependencia energética del exterior, a un coste asequible dado que aprovecha las infraestructuras ya existentes del sistema gasista español

Llamamos GAS RENOVABLE al biometano y al hidrógeno que se originan a partir de los procesos del upgrading del biogás, sintetización de la biomasa y la hidrólisis de la energía eléctrica renovable sobrante (Power-to-gas).

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Estos gases de origen renovable se inyectan en la red de gas mezclados con el gas natural de origen fósil; y se utilizan de forma tradicional en el transporte, la industria, las casas, los ciclos combinados. No hay que cambiar ningún tipo de infraestructura ni aparato en el punto de uso, porque el combustible que estaremos utilizando tiene las mismas propiedades que el gas natural de origen hidrocarburo. Esto se traduce en reducción de costes en el bolsillo de la población

Por supuesto la cuestión importante es ¿Cuánto gas renovable tenemos en España?

El IDAE publicó un informe donde se estima el potencial de biometano a partir de los residuos urbanos, lodos de depuradora y agro-industriales. Dicho potencial, comparado con la demanda de gas natural del 2018, equivaldría al 64% de dicha demanda en el sector doméstico-comercial.

¿Y el resto? ¿Podremos llegar a cubrirlo? En estos momentos la tecnología está en fase de maduración por lo que estimamos que en el 2030, cuando la sintetización de la biomasa esté en fase comercial, podríamos cubrir hasta el 57% de la demanda total. Y en el 2050, ¿quién sabe? El power-to-gas y el hidrógeno tienen mucho que decir.

El desarrollo del gas renovable trae consigo un impacto positivo en la riqueza del país. Así pues, para aprovechar todo el potencial del biometano procedente de residuos se estima que tendrían que crear una media de 600 plantas de tratamiento y upgrading de biogás.

Dichas plantas estarían en zonas rurales, creando hasta 25.000 empleos y aportando una contribución neta al PIB nacional de hasta 472 millones/año

Con el fin de que este potencial se convierta en realidad, hay que trabajar como sector en colaboración con la Administración.

Desde Sedigas hemos creado una hoja de ruta a 2030 para no dejarnos nada en el tintero:

  • Es importante fijar un objetivo de gas renovable, ya sea como porcentaje de demanda de gas, como tiene Francia, o como % dentro de las energías renovables; esto ayudará a atraer y focalizar las inversiones privadas y por tanto a su expansión, al igual que se hizo otras energías renovables en el pasado.

  • Por supuesto hay que seguir trabajando en el desarrollo de la parte regulatoria europea y nacional, no sólo de gas sino también de residuos.

  • Es necesario un impulso a la investigación, desarrollo e innovación. No solo a nivel privado sino también a nivel público.

  • La comercialización de este del gas renovable, al igual que la electricidad renovable o de los biocarburantes, requiere de unos “Certificados de origen” que garanticen la procedencia del combustible. Desde Sedigas hemos impulsado la constitución de un grupo de trabajo en UNE para la creación de un esquema de certificación que sirva de marco para dichos certificados en España.

  • Pero además, hay que trabajar en un marco financiero para ayudar a estos productos, como todo producto nuevo a superar barreras y penetrar en el mercado. Así lo han hecho otros países de nuestro entorno.

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La hoja de ruta 2030 es el camino para que el gas renovable sea una realidad. Sin embargo, no es suficiente. Es necesario integrar y desarrollar el sentido de pertenencia a este sector incipiente que se abre camino para aportar una via de eliminación de metano y una solución a la dependencia energética.

(*) Marta Margarit es directora general de SEDIGAS

 Creadores de Opinión Verde #CDO es un blog colectivo coordinado por Arturo Larena, director de EFEverde y EFEfuturo 

Esta tribuna puede reproducirse libremente citando a sus autores y a EFEverde

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