El futuro será verde o no será. Por (*) Isabel López Triana

Aves en pleno vuelo.

La emergencia climática es uno de los retos globa­les que genera mayor incertidumbre, por sus poten­ciales consecuencias sociales y económicas. Muestra de ello es que la ac­ción y responsabilidad del sector empresarial ante el cambio climático se ha mantenido como una tendencia clave a lo largo de los cinco años del estudio Approaching the Future: Tendencias en reputación y gestión de intangibles, que elabora CANVAS Estrategias Sostenibles junto con Corporate Excellence – Centre for Reputation Leadership.

Crisis climática

Si en 2016, hablábamos de que el cambio climático se encontraba en un pun­to crítico, en 2020 se ha visto cómo este fenómeno se ha convertido en una emergencia global a afrontar de inmediato.

Tanto en las consultas a 300 profesionales y expertos como en el análisis de la conversación social en los ecosistemas digitales que analiza el estudio, la emergencia climática es una de las temáticas que más preocupa; tanto a la sociedad, según la amplia presencia de conversaciones online sobre esta tendencia y el alto nivel de emoción manifestado con respecto al cambio climático, así como a los profesionales, que puntúan esta cuestión con una relevancia de 8,6 sobre 10.

Pero a pesar de ser una preocupación importante para los expertos, solo uno de cada cuatro asegura que sus organizaciones están trabajando para frenar el cambio climático, con la integración de sus riesgos asociados, la medición, reducción y compensación de la huella de carbono o la gestión y reducción de residuos, entre otras medidas.

Estas cifras demuestran que aún queda un largo camino que recorrer para avanzar hacia un mundo más sostenible pero el tiempo se agota.

Con los compromisos establecidos hasta la fecha, la temperatura global del planeta aumentará al menos a 3,2 grados para 2030, lejos del 1,5 recomendado por la comunidad científica (PNUMA, 2019). Además, el ritmo actual de la subida del nivel del mar se ha duplicado y no deja de acelerarse, afirman los últimos informes del IPCC.

Como consecuencia, en noviembre de 2019 la Unión Europea declaró la emergencia climática, pronunciamiento al que también se sumó España en enero de 2020.

COVID-19

Pero pocos meses después llegó la pandemia generada por la COVID-19 que ha transformado las prioridades de las empresas, gobiernos y sociedad civil.

La rápida adaptación a un nuevo paradigma de pandemia, marcado por el confinamiento, ha generado una importante reducción de las emisiones de CO2, especialmente en las grandes ciudades que nos ha permitido dar un respiro al planeta y también a nuestros pulmones.

Sin embargo, la mejora de la calidad del aire o la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero, son efectos temporales que en ningún caso solucionan una de las principales causas estructurales del cambio climático: un modelo productivo y económico basado en la sobreexplotación del planeta.

En esta tesitura, con la suspensión tempo­ral de la COP26 en Glasgow, y la predecible crisis económica, será clave que las organi­zaciones y gobiernos continúen luchando contra el cambio climático.

Agenda 2030: plan de negocio global para las empresas pos-COVID-19

Para construir un mundo más responsable y resiliente, la Agenda 2030 de Naciones Unidas se convierte más que nunca en un plan de negocio para cualquier empresa del mundo que comparta un compromiso fundamental: impulsar el desarrollo económico, social y ambiental sostenible para no dejar a nadie atrás.

La «década de la acción» es como la ONU ha denominado a los 10 años que nos quedan para lograr los 17 Objetivos de De­sarrollo Sostenible (ODS) que integran esa Agenda 2030.

Una década en la que debemos acelerar la contribución de todos los agentes pero especialmente de las empresas.

En este sentido, para los profesionales y directi­vos encuestados en Approaching the Future 2020, la Agenda 2030 cierra el top 3 de temas más prioritarios, con una importancia de 8,6 sobre 10 y es una tendencia que se consolida en los últimos años.

Así, en 2020 han crecido en un 12% las organizaciones que están trabajando en la Agenda 2030 respecto a los datos de 2019. Concretamente, un 41% de los pro­fesionales encuestados para este infor­me afirma trabajar ya en cuestiones re­lacionadas con los ODS.

De estos, más del 60% asegura que su organización ha definido objetivos concretos para medir su contribución a la Agenda 2030.

Ante la COVID-19, la Agenda 2030 y sus 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible son más importantes que nunca. Represen­tan un marco de acción global para respon­der a los principales retos sociales, económi­cos y ambientales preexistentes y aquellos que puedan presentarse en los próximos meses como consecuencia de la pandemia.

Y es que la apuesta por la sostenibilidad en los negocios está demostrando en estas semanas ser esencial para la adaptación y resistencia en ámbitos como la inversión sostenible y responsable.

Los primeros análisis de entidades como Blackrock sobre la evolución de las carteras con criterios ASG durante el coronavirus están evidenciando un mayor control del riesgo que aquellas carteras que no incor­poran estos criterios.

Cada vez contamos con más evidencias que nos demuestran que los cambios necesarios para sobrevivir y prosperar en los próximos años tendrán que pasar necesariamente por un rediseño de los mo­delos de negocio, de producción y de los  hábitos de consumo.

El futuro tendrá que ser verde o no será.

 

(*) Isabel López Triana es socia fundadora de CANVAS Estrategias Sostenibles.

 

Creadores de Opinión Verde #CDO es un blog colectivo coordinado por Arturo Larena, director de EFEverde 

Esta tribuna puede reproducirse libremente citando a sus autores y a EFEverde

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