Europa+Río+20, ¿cuestión de principios? Por Amalio de Marichalar

Presentación de las conclusiones del Foro Mundial Lisboa 21 sobre agua, energía y desarrollo sostenible durante un acto en Madrid con Amalio de Marichalar, presidente del Foro Soria 21 entidad que impulso la reunión portuguesa.

Autor: Amalio de Marichalar, Presidente Foro Soria 21 para el Desarrollo Sostenible Estamos a las puertas de Río+20 y el mundo ha experimentado enormes cambios desde la famosa Cumbre de la Tierra en 1992. Claro, que entonces, acababa de caer el Muro de Berlín y nuevos aires de optimismo y libertad lo impregnaban todo. En …

Autor: Amalio de Marichalar, Presidente Foro Soria 21 para el Desarrollo Sostenible

Estamos a las puertas de Río+20 y el mundo ha experimentado enormes cambios desde la famosa Cumbre de la Tierra en 1992. Claro, que entonces, acababa de caer el Muro de Berlín y nuevos aires de optimismo y libertad lo impregnaban todo.

En estos últimos 20 años, el mundo ha evolucionado muy rápidamente, quizá demasiado rápidamente, y luces y sombras nos rodean. Han surgido nuevos desafíos globales en energía, agua, educación, salud, cambio climático, infancia, comercio, terrorismo, biodiversidad, pobreza, alimentación… Y la sociedad global es ya un hecho.

Beneficios y ventajas se han producido a través de la sociedad de la información y las tecnologías, pero también brechas que asoman nuevos riesgos globales.

La globalización en sí misma aporta oportunidades antes no conocidas para el conjunto de la humanidad y en especial para los menos favorecidos, pero cuando estábamos caminando por esta senda, hace ya cuatro años largos, y sin que nadie lo hubiera previsto, surge de la noche a la mañana una enorme crisis global provocada por parte del sector financiero que ha distorsionado el mundo occidental mientras que países emergentes como China, India, Brasil o Rusia han tomado una posición que ha originado un nuevo escenario geoestratégico.

En este contexto, el desarrollo sostenible que había sido propuesto en Estocolmo en el 72 y debatido con fuerza en Río 92, encuentra un eco en la Cumbre Mundial de Desarrollo Sostenible de Johannesburgo 2002 para pedir ya un plan de acción concreto que pocos años después, aunque parezca impensable, se está poniendo en marcha principalmente a través del mundo de la empresa, que tira del conjunto de la sociedad civil con propuestas y acciones tangibles.

Es innegable ya este hecho como estratégico para cualquier actividad económica que quiera consolidarse en un mundo global y quiera permanecer en el tiempo.

En Lisboa, en octubre pasado, hemos preparado Río+20, y se ha propuesto dar un paso más: incorporar la cultura, entendida como la mejor herencia moral de la sociedad, como cuarto pilar del desarrollo sostenible, junto al económico, social y medioambiental, como instrumento necesario además para amalgamar esos otros tres pilares.

Tenemos delante de nosotros una gran oportunidad para dar la vuelta a esta crisis global: generar ilusión, confianza, esfuerzo compartido, incorporando lo mejor de nosotros mismos y de nuestra sabiduría; para apostar firmemente por un progreso inteligente basado en principios y valores sólidos como recia base de un nuevo paradigma de desarrollo.

En Lisboa se dijo que España y Portugal se unían a través del desarrollo sostenible. Es una necesidad que Europa pueda continuar en esta estrategia y reunificar su liderazgo a través del desarrollo sostenible con un acuerdo firme, donde la cultura, que ha sido nuestra principal inspiración para formar el proyecto europeo, desde el inicio, vuelva a brillar con fuerza como foco orientador del desarrollo de Occidente, hoy urgentemente necesitado de liderazgo y de recuperación esencial de la confianza, para reencontrar así nuestro papel en un mundo que muda con rapidez pero sin saber su destino.

Paz y seguridad, derechos humanos y desarrollo sostenible son el trípode que ha de sustentar la democracia y su regeneración. Europa juega un papel vital en todo ello.

No perdamos este horizonte ante los problemas más urgentes que nos acosan. Son esos problemas precisamente los que tenemos que abordar con claridad de ideas, y nuestra sabia cultura europea nos marca camino de la solución. Creyendo firmemente en ello y actuando en consecuencia con talento y convicción, recobraremos la confianza y favoreceremos el reequilibrio de un mundo global, hoy necesitado de una fuerza moral que facilite el diálogo, disminuya los egoísmos y abogue por favorecer un verdadero interés general.

No es solo cuestión de principios, es una necesidad urgente que demanda la sociedad.

Amalio de Marichalar, Conde de Ripalda

Presidente Foro Soria 21 para el Desarrollo Sostenible

 




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