Economía circular: ¿alternativa o única vía para un crecimiento sostenible? Por (*) María Molina (Gabeiras y asociados)

El origen del Black Friday nada tiene que ver con el que significado que hoy conocemos. Ni siquiera hoy se limita ya a un solo “viernes negro”, sino que grandes plataformas y empresas llevan semanas anunciando ofertas que continuarán seguramente, y al menos, todo durante todo el fin de semana. “Es la economía, estúpido”… Así ha sido y así es.

Pero algo está cambiando o quizá solo, desde la convicción de que así debería ser, traemos aquí esta reflexión. Desde hace unos años, distintas iniciativas intentan impulsar un movimiento que contrarreste este día consumista por antonomasia (dicho sea de paso, previo a una época, la Navidad, en la que, con descuentos o sin ellos, encontramos más de lo mismo): Green Friday, Día sin compras, Giving Tuesday (unos días después), el activismo de determinadas empresas comprometidas con procesos de producción sostenible o empresas con propósito que se posicionan contrarias a hacer descuentos y hablan de precios justos; incluso algunas empresas que, sumándose a las rebajas, añaden “coletillas” apelando al consumo responsable… A ello se suma un año en el que la crisis del COVID 19 ha abierto los ojos a muchos, en el que Estados Unidos sale de su oscura etapa de negacionismo climático, China se suma al compromiso de cero emisiones para 2050… No obstante, aún hoy, aún con todo: viviremos una nueva jornada de “éxito” comercial del Black Friday.

Es la economía, decíamos, la economía clásica, lineal, la que, hasta ahora, solo prioriza los objetivos de mercado y maximización de beneficios. No obstante y de manera progresiva, se han venido incorporando compromisos públicos y privados que integran otros objetivos empresariales y económicos en materia de sostenibilidad medioambiental y justicia social. Pero esta incorporación requiere un cambio en el propio “dibujo” del crecimiento como una línea de progreso y, de este modo, las nuevas estrategias para una economía circular vienen a completar un nuevo marco para la sostenibilidad. No se trata, frente a lo que reclaman las teorías del decrecimiento, de una alternativa al crecimiento o de negar este, sino de integrar nuevos procesos que hagan ese crecimiento verdaderamente sostenible.

ReSOLVE

En torno a la economía circular, existe un sinfín de literatura, entre la que podemos destacar el informe de la Fundación Hellen McArthur “Hacia una economía circular: motivos económicos para una transición acelerada”; por otro lado, es importante conocer cómo desde la UE y la propia estrategia española, se plantea articular este nuevo modelo. No es la pretensión de este artículo entrar a analizar en profundidad los detalles de la teoría y práctica para la economía circular, pero destacamos las seis acciones que son la base de este modelo y que suponen una transformación radical de los actuales modelos de producción en muchos sentidos:  Regenerate (regenerar), Share (compartir), Optimise (optimizar), Loop (bucle), Virtualise (virtualizar) y Exchange (intercambiar), que juntas conforman el marco ReSOLVE (por las siglas de las iniciales de las palabras inglesas).

Integrar esta “filosofía” en nuestro mercado nacional, por ejemplo, hace pensar en muchos y muy diversos cambios: de modelos de negocio, afectando a cadenas de suministros enteras, de prácticas de consumo… Un “reseteo” en la forma de pensar nuestro desarrollo y el crecimiento a largo plazo, quizá el mejor momento y, para muchos, quizá la última oportunidad. A diez años de 2030, la tendencia hacia el cumplimiento de los ODSs y objetivos de la Agenda 2030 es cada vez más clara pero aún lenta, los esfuerzos deben redoblarse y, ahora, integrar nuevos retos y necesidades sociales. Puede que la incorporación de prácticas circulares no sea la única alternativa, pero sí parece que, en este momento, contribuiría de una manera más clara a una transformación hacia un crecimiento sostenible real.

Cambio de mentalidad

Por último, podemos ser escépticos en cuanto a la profundidad del cambio de mentalidad o hábitos individuales y prácticas empresariales que esta crisis del COVID 19 puede propiciar, pero quizá podemos ser más optimistas en cuanto a las capacidades de transformación social y económica que tendría este nuevo modelo económico, el circular, si atendemos a sus posibilidades en cuanto a creación de nuevas profesiones (o recuperación de algunas en declive como las de reparación de objetos) y puestos de trabajo, o su impacto en los aspectos demográficos a través de una nueva mirada a los entornos rurales y urbanos…

Es difícil, sin entrar en mayor profundidad y detalle, pensar en cómo podremos llevar a cabo esta transición. Pero quizá debamos dejar de preguntarnos cómo y pensar en cuándo dar el paso. Por lo demás, será al andar cuando podamos hacer el camino y podemos empezar ya, incorporando un “pensamiento circular” a nuestras prácticas de consumo.

(*) María Molina,  es directora del Área de Finanzas sostenibles y Compliance financiero en Gabeiras y Asociados

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 Creadores de Opinión Verde #CDO es un espacio de opinión colectivo coordinado por Arturo Larena, director de EFEverde
 
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