La contribución de la distribución alimentaria a una sociedad medioambientalmente responsable. Por (*) Ignacio García Magarzo

Ser socialmente responsables con el medioambiente significa, a estas alturas, tomar conciencia con absoluta determinación de qué se puede hacer para conseguir cuanto antes una economía plenamente circular.

El reto es fácil de enunciar, y muy difícil de llevar a la práctica hasta sus últimas consecuencias. El futuro pasa por asumir un nuevo sistema productivo, que implica reutilizar materiales y productos cuantas veces sea posible, manteniéndolos dentro del ciclo de la economía todo el tiempo que sea posible.

En este proceso, debemos ser conscientes de que siempre habrá un residuo inevitable, pero éste deberá ser, de verdad, el menor posible.

Así pues, el problema no es generar un residuo, sino separarlo y tratarlo adecuadamente, para evitar que se convierta en desperdicio y que termine o se pierda en el medioambiente.

Este punto es, como digo, el más difícil de abordar en la concepción general del proceso de la economía circular.

Residuos

Cuando nos encontramos ante un material que llega al final de su vida útil, por ejemplo, una botella de plástico o un palet de plástico reutilizable roto, el siguiente paso necesario es la separación, recogida y clasificación del mismo.

La mayoría de estos materiales podrán ser recuperados para fabricar los mismos u otros objetos, pero una mínima parte se convertirá en un residuo que es muy necesario eliminar adecuadamente para que nunca termine en el entorno.

Para que este gran cambio tenga éxito cuanto antes es necesaria la implicación de todos: administraciones públicas, empresas y ciudadanos.

En el caso de la distribución con base alimentaria podemos ser más específicos y hablar del conjunto de la cadena de valor agroalimentaria: productores, industria, transporte, distribución y ciudadanos, sin olvidar tampoco el papel de la administración.

Toda la sociedad debe estar implicada en “ser socialmente responsable con el medioambiente” y, para ello, necesita información adecuada y medios suficientes para actuar.

Reciclaje

Hoy en día, en función de donde vivan, los ciudadanos tienen a su disposición hasta seis contenedores donde depositar todo tipo de residuos, desde envases hasta aceite usado pasando por desechos orgánicos.

Sin embargo, la confusión todavía es grande. A la hora de introducir nuevos circuitos de reutilización, se debe dar información suficiente y cobertura a todo el territorio con tecnologías que permitan el tratamiento de los materiales tanto en cantidad como en calidad.

El medio para lograrlo pasa por contar con infraestructuras de recuperación, tratamiento y reciclado de los residuos que hoy van a vertedero.

En este marco, el debate más intenso se refiere hoy al plástico.

La distribución con base alimentaria tiene una guía en la Directiva 2019/904 relativa a la reducción del impacto ambiental de determinados productos de plástico -y resto de Directivas que forman el paquete sobre Economía Circular de la UE-, que, en España, se ha incorporado en el todavía el anteproyecto de Ley de Residuos y la Estrategia Española de Economía Circular.

Envases reutilizables

Entre las iniciativas que se están llevando a cabo en la distribución alimentaria desde hace años, podemos destacar la constante reducción del consumo de materiales como cartón y plástico, así como las altas tasas de reciclado con valores que rondan el 80% en tiendas y plataformas logísticas.

Avanzados sistemas de recuperación permiten, por ejemplo, que la gran mayoría de las bolsas reutilizables de plástico reciclado disponibles se hayan hecho con plástico recuperado en las propias cadenas.

Otro gran ejemplo de reutilización, y de colaboración en la cadena, es el uso del pull de envases de plástico reciclado: las mismas cajas hacen el viaje del campo al supermercado hasta 13 veces y tienen una duración media de 5 años.

Entre los envases más visibles para los consumidoreslas cadenas trabajan en sus productos de marca propia y con los proveedores –especialmente de fruta y verdura- para aplicar criterios de reducción y ecodiseño de manera que se avance hacia el objetivo de 100% reciclable o compostable.

Además, muchas han dado ya pasos adelante para alcanzar las metas recogidas en la normativa, como la venta de menaje de un solo uso (platos, vasos, cubiertos, pajitas…) hecho con productos biodegradables.

Al mismo tiempo, la variedad de materiales -papel, rafia de material recuperado, plástico compostable o mallas reutilizables- que sustituyen a las bolsas de plástico de un solo uso son ya una constante.

La sociedad no puede renunciar es al uso del envase como elemento de seguridad alimentaria y de información nutricional hacia el consumidor, aspectos en los que ha habido grandes avances en los últimos años.

La obligación de garantizar ambas cosas es prioritaria.

Ignacio García Magarzo

Por lo tanto, las iniciativas de incorporación de envases reutilizables deben ir acompañadas de un análisis de ciclo de vida sólido para evitar que su implantación cause una rebaja en la seguridad alimentaria o un aumento de los impactos medioambientales debidos a consideraciones logística, de gasto energético, de uso de agua en la limpieza y desinfección, etc.

Como conclusión, desde la distribución alimentaria estamos convencidos de que la economía circular será, sin ninguna duda, una realidad en unos años si entre todos trabajamos para tener claros los conceptos que nos permitan avanzar hacia ella y ponemos los medios necesarios con los que lograr una sociedad medioambientalmente responsable.

 

(*) Ignacio García Magarzo es director general de ASEDAS

 

 

 

Creadores de Opinión Verde #CDO es un blog colectivo coordinado por Arturo Larena, director de EFEverde 

Esta tribuna puede reproducirse libremente citando a sus autores y a EFEverde

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