Desafío climático: es tiempo de actuar. Por (*) Karl-Heinz Lambertz

Karl-Heinz Lambertz

La pregunta ya no es si debemos actuar para adaptarnos al cambio climático y mitigar los efectos del calentamiento global, sino cómo hacerlo de manera apremiante. A nivel europeo, el Pacto Verde que la Comisión Europea presentará esta semana, levanta muchas expectativas ya que representa el marco a través del cual la Unión Europea pretende alcanzar la neutralidad climática en 2050.

El Pacto Verde debe ser ambicioso, factible, y contar con los recursos suficientes. Además, es esencial que implique a las ciudades y a las regiones, y explique de qué manera empoderará a los gobiernos locales y regionales, quiénes se encuentran en primera línea en la lucha contra la crisis climática.

Los líderes mundiales reunidos en la COP25 en Madrid tienen el objetivo, y el deber, de alcanzar un acuerdo para la puesta en práctica del acuerdo de Paris a partir del 2020. La realidad es que de momento no vamos por buen camino. El nivel de emisiones sigue subiendo y ha alcanzado niveles históricos. Los polos se están derritiendo, el nivel del mar sigue aumentando y la pérdida de biodiversidad está alcanzando nuevos récords. El calentamiento global ya cuesta 12 000 millones de euros al año. Cada año, alrededor de veinte millones de «refugiados climáticos» se ven forzados a desplazarse de sus hogares por culpa del calentamiento global, una cifra que se prevé que aumente hasta los ciento cuarenta millones en 2050. El coste económico, social y medioambiental de la inacción es una razón más para actuar sin demora.

Europa tiene que seguir desempeñado un papel decisivo en el liderazgo mundial de la lucha contra el cambio climático. Para ello, el Pacto Verde Europeo es decisivo y constituye una oportunidad para que la UE acelere la transición energética y la descarbonización de la economía. Hay que consagrar en la legislación europea que la UE se convierta en el primer continente neutro desde el punto de vista climático de aquí a 2050, una exigencia que nuestro Comité —la asamblea de responsables locales y regionales de la UE— ha planteado desde antes de que se firmara el Acuerdo de París. Es un mínimo imprescindible dada la gravedad de la situación a la que nos enfrentamos.

El Pacto Verde debe esparcir e integrar la sostenibilidad en todas las políticas de la UE. Los gobiernos locales y regionales son responsables de más del 70 % de las medidas de mitigación del cambio climático y de hasta el 90 % de los esfuerzos de adaptación. Sin ellos, no conseguiremos concretizar la transición ecológica sobre el terreno. Las ciudades y las regiones son competentes en una serie de políticas clave, como la eficiencia energética de los edificios, el transporte público, la gestión de residuos y la protección de la biodiversidad. Como máxima contribución a la lucha contra el calentamiento global, los gobiernos locales y regionales deben ser algo más que meros aliados del Pacto Verde: deben convertirse en su principal socio y protagonista.

El Pacto Verde también será una prueba de cómo poner en práctica las recomendaciones de la Comisión Europea sobre la «subsidiariedad activa», es decir, el principio de que la UE solo debe actuar si sus acciones aportan un valor añadido real en comparación con lo que puede lograrse a escala nacional, regional y local. Tenemos que aprovechar esta oportunidad para involucrar a los responsables locales y regionales europeos, que suman un millón de personas, en el proceso de elaboración de las políticas de la UE.

La UE debe garantizar que las regiones y las ciudades se vean involucradas de forma directa en los planes nacionales de los Estados miembros en materia de clima y energía y que sus esfuerzos se midan y se reconozcan. Este esquema de cooperación multinivel es la única que nos llevará a cosechar resultados efectivos sobre el terreno. Y este modelo también debería imperar a nivel global y regir la puesta en práctica del acuerdo climático de Paris. La delegación del Comité Europeo de las Regiones presente en la COP25 en Madrid tiene como objetivo ilustrar las acciones climáticas que las ciudades y las regiones están implementando sobre el terreno pero también, la defensa de un sistema de gobernanza climática multinivel a nivel global. Sin una colaboración mucho mas estrecha entre gobiernos estatales y autoridades regionales y locales, no conseguiremos asentar la transición ecológica en los territorios ni revertir el calentamiento global

Con alrededor de cincuenta y cuatro millones de europeos afectados por la pobreza energética y medio millón de personas dependientes de la industria de los combustibles fósiles, es obvio que necesitamos una transición justa y equitativa. Necesitamos políticas y fondos que apoyen a las regiones y a las ciudades más vulnerables a través de inversiones sustanciales. El Pacto Verde debe ofrecer un fondo específico para una transición justa que aporte nuevas fuentes de financiación. Cualquier propuesta de obtener recursos de los fondos regionales de la UE —la política de cohesión, que es el principal instrumento de inversión de la UE para reducir las disparidades territoriales— no solo socavará nuestra ambición climática, sino también la confianza en el proyecto europeo.

En un momento en que todas las miradas están puestas en la cumbre climática de Madrid, la UE debe confirmar su compromiso inequívoco contra el calentamiento global y adoptar unánimemente su compromiso con la neutralidad climática para 2050 cuanto antes.

Además, necesitamos un presupuesto ecológico realmente ambicioso. La propuesta actual de que los Estados miembros aporten el 1,07 % de la RNB es irrisoria a la vista de los retos a los que debemos hacer frente. A escala mundial, dado que el 25 % de las emisiones de gases de efecto invernadero procede de la quema de combustibles fósiles para generar calor y electricidad, el 23 % de la industria y el 14 % del transporte, la UE debe poner fin a todas las subvenciones a los combustibles fósiles lo antes posible y encontrar formas de generar recursos para el presupuesto de la UE que también apoyen la transición energética.

Está claro que el tiempo se está agotando y debemos actuar juntos. Si la transición ecológica no comienza en nuestras regiones y en nuestros municipios, no llegará nunca.

(*) Karl-Heinz Lambertz, Presidente del Comité Europeo de las Regiones




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