En defensa de la ley y de los árboles. Por (*) Yeli Arroyo Baeza

No sabría datar con precisión desde cuándo se somete a los árboles, de manera generalizada en toda la geografía de nuestro país, a esas podas drásticas, a esos descabezados año tras año. Plátanos de sombra, moreras, fresnos, acacias y una larga lista de especies con las que poblamos nuestros municipios son torturadas con heridas recurrentes …

No sabría datar con precisión desde cuándo se somete a los árboles, de manera generalizada en toda la geografía de nuestro país, a esas podas drásticas, a esos descabezados año tras año. Plátanos de sombra, moreras, fresnos, acacias y una larga lista de especies con las que poblamos nuestros municipios son torturadas con heridas recurrentes y muchas veces atemporales, que les producen malformaciones, debilidad y enfermedades.

Otra vez tropezamos con el absurdo y el egocentrismo propio de nuestra especie, que cree firmemente en lo necesario de su manipulación para el correcto desarrollo de la vida de otras especies, en este caso los árboles, cuando en realidad, lo que hacemos es una tortura de pesadilla para estos seres vivos.

Hace muchos años oí la historia de unos árboles, de la familia de las acacias, creo recordar, en algún lugar de África; estaban en un recinto vallado con numerosos herbívoros que, al haber comido ya, todas las hojas a las que llegaban con su boca, comenzaron a cornear los árboles para que se desprendieran más hojas y seguir alimentándose. Estos animales empezaron a enfermar gravemente y morían intoxicados.

Los resultados de los análisis evidenciaron la ingesta de unas toxinas en cantidad suficiente para producirles envenenamiento, los estudios revelaron que las toxinas provenían de los árboles de los que se alimentaban, que de forma natural las contenían en sus hojas en muy pequeñas cantidades inocuas, pero al ser golpeados insistentemente por los herbívoros, las habían aumentado de manera muy significativa y con clara intención de defenderse de la masiva predación a la que estaban siendo sometidos.

Pero lo más sorprendente se descubrió después: para poder hacer una valoración del efecto “golpes-aumento de toxinas” se aislaron unos ejemplares en recinto cerrado y los propios empleados de la reserva, los golpeaban con palos para producir dicha reacción en los árboles que, efectivamente, aumentaron las sustancias tóxicas. Para tener una referencia de valores normales de dichas sustancias tóxicas, se analizaron a la vez las hojas de los ejemplares que crecían fuera del recinto y el descubrimiento fue que, los árboles de fuera, también habían aumentado la toxicidad sin haber sido golpeados ni una sola vez. La increíble conclusión: ¡de alguna forma los árboles de fuera del recinto del experimento habían sido alertados! ¡Los árboles se comunicaban!

Quiero pensar que esta historia ocurrida hace décadas, se halla en los orígenes de lo que desde hace un tiempo, se está divulgando desde la comunidad científica después de muchos años de investigación: los árboles, bajo la tierra, utilizan una red de hongos que están dentro y alrededor de sus raíces y les suministran nutrientes, mientras los árboles a cambio, les dan azúcares. A través de esta red, se comunican entre ellos por mensajes químicos, se pasan nutrientes de los más viejos a los jóvenes para ayudarles en su crecimiento, se alertan y colaboran para defenderse de peligros y plagas, e incluso guerrean entre ellos por los recursos como algunas orquídeas que ‘hackean’ la red para robar recursos o árboles como el nogal negro que vierte tóxicos a la red para deshacerse de la competencia.

Todo un descubrimiento del que empezamos a ser conscientes, los que ejercitamos la consciencia de vivir en un planeta, compartido por muchas especies que, irremediablemente, también evolucionan y se relacionan, ya que en la Tierra, la vida y la evolución van de la mano.

Siempre he admirado y respetado profundamente a los árboles, he trabajado para ellos como capataz forestal combatiendo plagas en el monte, formando brigadas forestales, haciendo plantaciones y cultivándolos en viveros. Estos seres vivos son los que purifican el aire, los que crean y mantienen la tierra fértil, los que refrescan y dan sombra y cobijo a humanos y animales, los que atraen la lluvia, mantienen la humedad y también pueden calentarnos en invierno, seres que emiten principios activos beneficiosos al ambiente, son los que enriquecen el paisaje y favorecen y crean biodiversidad, repercutiendo de manera determinante, en la calidad de vida de las personas y de cualquier ecosistema.

El reconocimiento a la importancia de los árboles, ha sido reflejado en diferentes leyes de protección, como la ley 8/2005 de 26 de diciembre de protección y fomento del arbolado urbano de la Comunidad de Madrid que prohíbe expresamente, ya no sólo la tala de cualquier especie, sino las podas drásticas e indiscriminadas, que se realizan constantemente y de manera impulsiva en innumerables municipios de dicha comunidad sin que tenga la menor repercusión el incumplimiento sistemático de esta ley.

Los numerosos municipios, que hacen alarde de la deformidad de sus árboles y arbustos, luciendo abundantes cicatrices y formas retorcidas, con crecimientos anormales y cuando menos estrafalarios de ejemplares que quedan así condenados a la enfermedad y la reducción ineludible de su vida, ya sea por su debilidad o por una tala prematura por el peligro para las personas, deberían, después de años de ignorancia, empezar a cumplir las leyes y el respeto que merecen estos magníficos y generosos, como ningún otro, Seres Vivos.

(*) Yeli Arroyo Baeza es educadora ambiental. Entre sus últimos libros destaca Informe Tierra 

Otras tribunas de Creadores de Opinión Verde (#CDO)

Creadores de Opinión Verde #CDO es un blog colectivo coordinado por Arturo Larena, director de Efeverde Efefuturo

     

Esta tribuna puede reproducirse libremente citando a su autor y a EFEverde

 




Secciones:   
Un equipo de periodistas especializados en periodismo e información ambiental de la Agencia EFE www.efeverde.com y www.efefuturo.com