COP25, la cumbre de las personas

COP25, la cumbre de las personas. Por (*) Sandra Pina

COP25, la cumbre de las personas. Por (*) Sandra Pina

Acaba de comenzar en Madrid la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP25). Por delante tenemos 12 días históricos en el que como ciudadanos del mundo nos jugamos ser los ganadores de una Cumbre del Clima que se presenta con la urgencia de la emergencia climática y nos recuerda constantemente que si continuamos produciendo, consumiendo o contaminando como hasta ahora, el Planeta lo va a notar más y nosotros, los más de 7.600 millones de personas que lo habitamos, vamos a sufrir proporcionalmente las consecuencias. El Planeta está al borde de un infarto.

Echando la vista atrás, el Acuerdo de París de 2015 para frenar el cambio climático gana cada vez más trascendencia, al convertirse en la mayor alianza contemporánea en la que 195 países se comprometieron tras unas negociaciones titánicas a evitar que la temperatura de la Tierra aumentase entre 1,5ºC o 2ºC como máximo en 2100, con respecto a los niveles previos de la era preindustrial. Tras las cumbres de Marrakech (Marruecos) en 2016; Bonn (Alemania) en 2017 y Katowice (Polonia) en 2018, la de Chile-Madrid llega como otra oportunidad histórica para que los países aumenten su compromiso para recortar las emisiones de gases de efecto invernadero entre 2020 y 2030.

El Artículo 6 del Acuerdo de París, que se refiere a la regulación de los mercados de carbono y en el que podrían entrar las empresas, parece que es el punto de negociación clave de estos días, pero la realidad es que como decía António Guterres, secretario general de Naciones Unidas, el cambio climático ya no es un problema a largo plazo: “El punto de no retorno no está en el horizonte, sino que se nos está echando encima. Nuestra guerra contra la naturaleza tiene que parar”. Las consecuencias dramáticas del cambio climático no sólo las sufrirán nuestros hijos y nietos, sino que nosotros las sufriremos de pleno.

El impacto del cambio climático se nota cada vez más y no es una cuestión ideológica, sino científica. El Informe de 2018 del IPCC, el panel intergubernamental sobre cambio climático, compuesto por científicos, alertaba que de seguir con el ritmo actual de emisiones de CO2, el aumento de la temperatura en 1,5ºC se podría producir entre 2030 y 2050. Lo que parece claro es que lo que se ha hecho hasta el momento está resultando insuficiente y no se necesitan cambios exponenciales sino radicales para frenar la emergencia climática.

Si a la ciencia no conviene llevarle la contraria, a la desigualdad tampoco hay que obviarla porque queramos asumirlo o no, la crisis medioambiental también es una crisis social. Los datos reflejan que desde 2010, más de 20 millones de personas se han visto obligadas a dejar sus hogares y emigrar por las catástrofes climáticas, como nos acaba de recordar Oxfam Intermón.

Por eso, la COP25 tiene que pensar en las personas y situarlas en el centro de la conversación para alcanzar el mayor grado de ambición, teniendo en cuenta, sobre todo, a aquellas que viven en los países menos desarrollados y que sin disfrutar del progreso de las energías fósiles van a tener que transitar hacia una transición energética que vamos a tener que impulsar desde los países más desarrollados para no dejarles atrás. Para ello, va a ser necesario que durante esta cumbre se trate de conseguir los 100.000 millones de dólares para financiar el Fondo Verde del Clima y apoyar la adaptación al cambio climático de los países en desarrollo, fijando nuevas metas para 2025.

La empatía debería convertirse en la protagonista de la COP25 y pensar que si el día 13 de diciembre la Cumbre del Clima no se clausura con un mayor compromiso global para frenar la emergencia climática y los países presentan mayor ambición en la reducción de sus emisiones de CO2 todos vamos a salir perdiendo. Por eso no nos queda otra que pensar en la empatía como aceleradora de cambios y dejar de pensar en los intereses particulares de cada país y pensar en el bien común. La COP25 nos conmina a estar a la altura de la historia.

(*) Sandra Pina es socia de Quiero y directora de Sustainable Brands Madrid




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