COP20: Algunas luces y muchas sombras de un acuerdo de mínimos. Florent Marcellesi

Florent Marcellesi, portavoz de EQUO en el Parlamento Europeo.-  La Cumbre de Lima ha finalizado con un acuerdo de mínimos alcanzado in extremis. La mejor noticia es que ha sido posible llegar a un acuerdo global entre casi 200 países participantes con intereses y responsabilidades tan divergentes en materia de calentamiento global.

En cambio, a la luz de los compromisos adquiridos, celebrar este acuerdo es harto difícil. El texto final, titulado “Llamada a la acción de Lima”, no permite mantener el aumento de la temperatura global por debajo de 2 grados. Más bien, los líderes mundiales de hoy han acordado que esta nave Tierra en la que viajamos no desvíe su rumbo hacia los peores escenarios climáticos anunciados por los científicos del IPCC.

Pero ¿qué nos dice el acuerdo? Primero que existe una gran distancia entre países enriquecidos, con una responsabilidad histórica ante el cambio climático, y los países empobrecidos, es decir los que sufren sus impactos más directos. Y que además, entre ambos grupos, se encuentran una categoría de países emergentes, como China y la India, que a la vez sufren dichos impactos y forman parte del club de los que más emiten gases de efecto invernadero. Esta complejidad lleva a enfoques distintos para abordar las contribuciones de cada cual para reducir emisiones, la financiación climática o la prioridad ante el cambio climático en torno a la mitigación (Norte) y adaptación (Sur).

¿Qué compromiso se ha alcanzado en materia de reducción de emisiones de CO2? En el acuerdo no se ha concretado ninguna cifra, dejando en el aire la necesidad de reducciones vinculantes y acordes con los informes de los expertos internacionales. Además de este retroceso, otro de los grandes perdedores en Lima ha sido el “fondo verde” internacional para la adaptación al cambio climático. Solo se han capitalizado 10 mil millones de dólares, lejos de la promesa de 100 mil millones anuales hecha en 2009 en Copenhague.

Al mismo tiempo y a pesar de las reticencias occidentales, el acuerdo ha incluido finalmente un mayor hincapié en el concepto de “adaptación”. Aunque escaso, esto es positivo: es importante paliar los efectos del cambio climático que ya se hacen severamente notar en muchas regiones empobrecidas del mundo. Es también de destacar el reconocimiento del “mecanismo de daños y pérdidas” que permitiría asignar responsabilidad u obligación por efectos negativos del cambio climático. No obstante, al estar presente sólo en el preámbulo, esta aportación posee por el momento escasa fuerza jurídica y operativa.

Demasiado poco se ha avanzado en esta cumbre de cara a la COP21, que tendrá lugar en París en diciembre del 2015 y donde se ha de cerrar el acuerdo definitivo post-Kioto. Sin embargo, poco tiene que ver la incapacidad de los líderes mundiales con las ganas y el empuje que a nivel planetario protagoniza una parte cada vez mayor de la ciudadanía y la sociedad civil.

En este sentido, este 2015 desde EQUO y Los Verdes Europeos lanzaremos una campaña para que se hable de cambio climático con ambición, responsabilidad, sin derrotismos y con dos objetivos claros y complementarios:

1)  Presionar y trabajar para un acuerdo post-Kioto a la altura del reto climático.

2)  Apoyar y poner en valor las alternativas ciudadanas e institucionales ya en marcha hacia una transición energética justa, sostenible y democrática.

¿Podemos parar el cambio climático sin un compromiso global? Muy probablemente no y por eso allí seguiremos dando la batalla. Pero en este momento histórico, al menos nosotros haremos un poco más. Estaremos también con la gente que, sin esperar el incierto resultado de las cumbres internacionales, ya construyen de forma ilusionante un modelo renovable, basado en la eficiencia, el ahorro, la participación y el empleo local.

Ponemos rumbo a la COP21 con la revolución energética ciudadana como bandera.

 

 




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