Cop 25: balance cero, ciudadanía 0, democracia real 0. Por (*) Agnès Delage y Gonzalo Sozzo

Agnès Delage (Universidad Aix Marseille, Francia) y  Gonzalo Sozzo (Universidad Nacional del Litoral, Argentina). – Un montón de estiercol. Un montón de excrementos fue volcado por el grupo Extinction Rebellion delante de las puertas del IFEMA cuando finalizó la COP 25. Así resumían ante la opinión pública el balance real de la COP25 : una nula respuesta efectiva a una situación de emergencia ecológica sin precedente. Y avisaban : “The horseshit is over”. “La mezquindad se termina aquí”: éste era el mensaje que dirigió este movimiento ciudadano internacional de rebelión climática pacífica, a todas la partes de la COP y también a los países no representados.

¿Pero se puede acabar realmente la gilipollez? ¿ Cómo y cuándo las COPs podrán salir de este ciclo de inacción climática y transformarse en una verdadero espacio democrático de acción efectiva?

Esta COP 25, desplazada a Madrid por las masivas protestas sociales en Chile, fue la más larga, la más agónica y la menos integradora de la demanda social, desde el punto de vista de decisiones efectivas. Semejante fracaso se explica también por su propio funcionamiento interno.

Autoconstrucción sin participación democrática

Desde el acuerdo de París en 2015 el mecanismo procedimental de la COP  está hecho para avanzar y autoconstruirse entre las partes presentes. La autoconstrucción consiste en comunicar las contribuciones nacionales periódicamente, cada 5 años. Integra también un procedimiento de revisión individual del contenido de las contribuciones por parte de los mismos estados de las contribuciones nacionales, que puede hacerse en “cualquier momento”;  y una evaluación colectiva global, llamada “balance mundial” que tendrá lugar por primera vez en 2023.

Pero esta dinámica de autoconstrucción y autoevaluación de contenidos, metas y normas se realiza en torno a una frontera invisible. El diseño institucional de la COP reconoce la existencia de un espacio para las Partes y otro para la “sociedad civil”. Pero no cuenta con un  espacio de diálogo  institucional  en el que esté garantizado un debate real entre las Partes, el movimiento social por el clima, las empresas, ciudades y Estados subnacionales.

Como lo demostró la COP25, la tendencia es que COP tras COP, la frontera invisible se haga cada vez más insalvable entre el movimiento ciudadano global por el clima que reclama  “justicia climática” y las Partes del Acuerdo y, en alguna medida, las entidades subnacionales y las empresas.

La rebelión climática global : democracia para el Planeta

El desafío actual es imaginar, es decir elaborar los diseños institucionales y lograr los consensos para poner en funcionamiento un espacio que permita el diálogo y el debate sobre cómo construir la justicia climática. Un espacio democrático, que deberá construirse sobre las ruinas de la actual frontera, tan invisible como hermética, que separa el poder de decisión de las COP, con su dinámica de autoconstrucción, y la ciudadanía.

Las movilizaciones masivas de los distintos colectivos integrados en la “Rebelión internacional por el Clima” no han conseguido todavía franquear esta frontera, pero sí abrir nuevas grietas. La desobediencia civil masiva, pacífica y sostenida en el tiempo, tiene este objetivo : que se tambalee cada vez más el muro inmaterial entre los responsables políticos y la demanda social y científica de acción climática inmediata y a gran escala.

Un camino para que las COP se transformen en real espacio democrático sería tomar las experiencias exitosas de implementación del principio de participación en la toma de decisiones en el plano nacional y regional. La ingeniería institucional derivada de este principio es muy rica y, con sus adaptaciones necesarias, podría servir de guía para el diseño institucional del  espacio de diálogo entre las Partes, la “sociedad civil”, entre otros.

Las partes alternativas en la COP25 : presentes pero ausentes

Durante 25 años, la COP como órgano supremo internacional sobre el cambio climático nunca se abrió a la demanda social o científica, ya que estos actores nunca estuvieron asociados a la toma efectiva de decisiones. Anticipando la ausencia de resultados concretos de la COP25, las ONGs presentes en Madrid pidieron integrar durante el último día uno de los dos plenarios oficiales. Pero la autorización les fue denegada por la ONU.

Ante este rechazo protagonizaron un inédito “balance de las partes alternativas”. Más de 200 personas representantes de grandes ONGs se reunieron en un plenario alternativo, sentadas en el suelo del el pabellón 10, que acogía a los negociadores oficiales. Un “presidente alternativo” de la COP25, dio la palabra a estas “partes alternativas” que la COP oficial nunca integró. A los actores no-gubernamentales de la lucha contra la emergencia climática, no les quedó otro espacio en Madrid que el espacio alternativo y meramente simbólico para denunciar una prórroga criminal de la inacción climática internacional.

¿Hasta cuándo las COP podrán desoír y rechazar la participación directa de la sociedad civil y de la comunidad científica? Para el movimiento Extinction Rebellion, la necedad se debe acabar. Reclama con sus acciones de desobediencia civil una participación directa de la ciudadanía en la toma de decisión, para organizar los masivos cambios que exige la amenza del colapso ambiental. Dentro de la COP, como máximo órgano de toma de decisión sobre la emergencia climática, queda enteramente por construir una participación ciudadana y democracia real para el Planeta.

Agnès Delage (Universidad Aix Marseille, Francia)

Gonzalo Sozzo (Universidad Nacional del Litoral, Argentina)

(Las opiniones vertidas en esta tribuna reflejan exclusivamente la posición de su autor y no pueden ser atribuidas a EFE).

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