Churros en el circo climático. Por (*) Gustavo Catalán Deus

Churros en el circo climático. Por (*) Gustavo Catalán Deus

Churros en el circo climático. Por (*) Gustavo Catalán Deus

Nada más genuinamente español que un chocolate con churros recibió a los miles de delegados de 196 países a la Cumbre del Clima que comenzó en Madrid.

Espero que lo disfrutaran y calentaran el estómago como ocurre a todos los que en este país les anima -calóricamente hablando- para enfrentar las 14 jornadas que les esperan para llevar a buen término esta 25 Cumbre del Clima. Es la vigesimoquinta ocasión que reúne anualmente en un circo climático a expertos, políticos, funcionarios, periodistas y gentes de buen vivir y pensar en este maltrecho planeta.

Quizá lo mejor del día haya sido ese adjetivo que utilizó Pedro Sánchez en la apertura de la COP25 para referirse a los que niegan el cambio climático: “Un puñado de fanáticos”. Hasta hoy ningún presidente español se había permitido el lujo de tildar de esa manera a un impresentable presidente de EEUU. Se lo merece, aunque pocos se atrevan al calificativo.

El circo ha sido el inicio de un batiburrillo complejo y enrevesado para el vulgar mortal que en los próximos días nos apabullará, confundirá y no sabremos digerir. Pero aquí entra en acción la diplomacia climática: miles de expertos que tratarán de poner los puntos sobre las íes, si es que lo logran.

Tras los tres golpes que dio sobre la mesa Alain Juppé hace cuatro años atrás para clausurar los Acuerdos de París, todo quedó en el aire. Se cerró en falso el famoso acuerdo lleno de lagunas, que estos días deberán ser definidos. Titánica tarea en un mundo cada vez peor avenido y, sin embargo, globalizado. Esperemos que la experiencia y rigor de los delegados y especialmente de quienes dirigen esta COP25 -aunque sea entre telones- sean capaces de sellar con mayor rigor.

Nos jugamos nuestro futuro. Y el de las generaciones venideras. Esas que desfilarán por la Castellana el próximo viernes encabezadas por la adolescente Gretha Thunberg y decenas de miles de jóvenes y no tanto, que han tomado el testigo de la defensa del clima.

Pobre Gretha, tan joven y con tanta responsabilidad a sus espaldas. Nunca hubo un caso como el de ella en nuestro planeta. Deseo firmemente que la COP25 de Madrid sea un éxito y un punto de inflexión para las negociaciones climáticas: hay que pasar a la acción. Y siento que Gretha haya tenido que pasar dando tumbos por cinco huracanes-borrascas atlánticas para llegar a Madrid medio mareada en su catamarán, sin tan siquiera calentarse con un simple chocolate con churros. Debe probarlo para darse ánimos…

(*) Gustavo Catalán es periodista ambiental

Las opiniones vertidas en esta tribuna corresponden a su autor




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