La dieta climática para 2030 debe incluir menos carne y mejor carne. Por (*) Andrés Muñoz

degradación medioambiente

Cada vez más, vemos cómo el mensaje de apostar por una dieta con menor contenido en carne cala en los medios de comunicación, en las redes sociales y en las conversaciones de sobremesa. Este mensaje ha tomado forma especialmente entre la gente joven, con una sensibilidad mayor hacia el cuidado del planeta y el respeto por el bienestar animal.

Como organización ecologista, tomamos conciencia de que el trabajo hecho durante muchos años ha empezado a tener su efecto.

Sin embargo, es preocupante ver cómo los mensajes que se centran exclusivamente en la reducción del consumo de carne, sin atender al modo en que dicha carne es producida, son aprovechados por la industria agroalimentaria para ofrecernos “falsas soluciones” a un problema creado por ellas mismas.

Tenemos ante nuestros ojos un sistema agroalimentario altamente globalizado e industrializado.

Consumo de carne en España

Recientemente desde Amigos de la Tierra hemos hecho público el Informe “La producción y consumo de carne a debate” en el que visibilizamos los principales impactos climáticos, medioambientales, sociales y de salud del modelo dominante de producción y consumo de carne en España.

En el mismo se destaca la necesidad de promover una dieta climática que tenga en cuenta estos impactos y los minimice con el fin de alcanzar un modelo alimentario más justo, saludable y sostenible.

Ante un escenario de crisis ecosocial como el que vivimos, no podemos perder de vista que la producción y consumo de productos de origen animal suponen el 45% de la huella climática del sistema agroalimentario en España, hablamos de 1,57 toneladas de CO2 equivalente por persona al año.

En este sentido, la huella de carbono de la producción industrial de carne de aves y cerdo es de las más grandes, principalmente por los impactos del cultivo de piensos que se utilizan para su alimentación.

En nuestro análisis exponemos que el consumo de carne actual en España, 52,3 kg por habitante al año, es insostenible para el medio ambiente y la salud, así como para alimentar a la población mundial.

Por ello, y siempre teniendo en cuenta las recomendaciones nutricionales internacionales, sostenemos que se consuman 21 kg de carne al año.

Y apuntamos que el consumo de carne roja no debe superar los 10kg por persona al año, frente a los 20,78 kg actuales.

Carne procesada

En esta perspectiva de reducción del consumo, la carne procesada se configura como una grave amenaza para la salud y el clima.

Además de ser clasificada como cancerígena por la OMS, la carne procesada es un vector de deforestación y aumento del cambio climático.

En concreto la carne procesada de vacuno está bajo sospecha en España por ser potencialmente causante de la deforestación en la Amazonia.

La razón está en las laxas normas europeas de control sobre la carne procesada y en el riesgo que suponen los tratados comerciales como el de la Unión Europea y Mercosur, que hacen que se pierda fácilmente la pista a las importaciones brasileñas en la cadena alimentaria.

Entre 2014 y 2019, España importó más de 20.000 toneladas de carne de vacuno de las empresas JBS, Minerva y Marfrig, que son las 3 principales empresas responsables de deforestación en Brasil.

Representan el 42% de las importaciones totales españolas de vacuno de Brasil durante ese periodo, según Naciones Unidas.

Por su parte, la carne procesada de cerdo y aves también está bajo la lupa como causante de deforestación.

Sabemos que el 95% de su producción en España proviene de explotaciones industriales, enormemente dependientes de soja y maíz transgénicos, cuya producción ha conllevado la pérdida de millones de hectáreas de bosques, sabanas y pastizales en Brasil, Argentina, Uruguay y Paraguay.

Con estos datos en la mano, tenemos claro que es más eficiente desde la perspectiva del clima y el medio ambiente una dieta que no solo contemple la reducción de carne, sino la sustitución de la misma por carne producida a través de una ganadería extensiva, ética desde un punto de vista social y ambiental.

Para que nos hagamos una idea, si pusiésemos en práctica esta estrategia combinada con la carne de cerdo, se reducirían las emisiones en un 60% más.

Dieta climática para 2030

Resulta vital entonces plantearnos una dieta climática para 2030, basada también en recomendaciones nutricionales, que implique reducir el consumo de carne en un 60% y apostar en el 40% restante por comer carne procedente de ganadería extensiva, ecológica y ligada al territorio.

Sería además necesario aumentar las proteínas vegetales a través de legumbres y cereales, y junto con verduras y frutas frescas y de temporada, tenerlas como el eje central de la nuestra dieta habitual, una dieta que respete el entorno y las personas.

Es por todo ello que desde Amigos de la Tierra reivindicamos una reducción del consumo de carne y un cambio del modelo industrial de producción de carne por uno más sostenible social y medioambientalmente.

Creemos firmemente que las políticas públicas deben ir encaminadas a posibilitar esta transición agroecológica, por el clima, por el medio ambiente y por la salud de las personas.

 

(*) Andrés Muñoz es responsable de Soberanía Alimentaria de Amigos de la Tierra

 

 

 

 

Creadores de Opinión Verde #CDO es un blog colectivo coordinado por Arturo Larena, director de EFEverde 

Esta tribuna puede reproducirse libremente citando a sus autores y a EFEverde

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