El camino turco a la energía nuclear. Por (*) Cristian Vega

En todos los países donde una central nuclear es construida por una empresa extranjera, se establece un acuerdo entre el constructor de la central y el país que la compra (y otros involucrados si los hubiere). Allí se discuten los aspectos que pueden ser significativos para las partes. Normalmente, la transferencia de conocimiento, el abastecimiento de los elementos de combustibles y la dependencia hacia el fabricante frente a posibles problemas durante la operación, entre muchos otros aspectos, son de gran importancia.

En este caso Turquía ha optado por el esquema Build-Own-Operate (BOO) y es una decisión que tiene muchas aristas e incluye aspectos económicos, políticos, financieros, estratégicos y tecnológicos. Esta decisión, a mi entender, no es de gran relevancia en términos de seguridad. Si bien es esperable que, al ser construida y operada por el diseñador y constructor, la planta funcione óptimamente, otra opción no significa lo contrario en absoluto.

En el caso donde el operador sea otra institución diferente al diseñador y/constructor, se requiere de una transferencia de conocimiento hacia el operador que incluyen gran cantidad de aspectos tales como manuales de operación, documentación, entrenamiento del personal y la permanente asistencia del diseñador entre otros.

El club de países con nucleares

No siempre es sencillo introducirse en club de países con centrales nucleares. Se requiere de conocimiento y mucho trabajo para poder crear la legislación necesaria, licenciar y operar una central nuclear de potencia. Esto es un desafío que Turquía ha decidido afrontar acompañado por Rusia. No obstante, es el comienzo de un camino que, de ser continuado con políticas energéticas claras, podría dar a Turquía una independencia importantísima en el largo plazo.

Turquía importa gran parte de su energía y utiliza carbón y gas natural como una de sus principales fuentes de energía. En este marco, la diversificación de su matriz energética incorporando energía nucleoeléctrica es sumamente positiva y es el comienzo hacia una matriz energética diversificada reduciendo la emisión de gases de efecto invernadero. Así mismo, permite a Turquía iniciar su historia tecnológica en la energía nuclear.

Es esperable que el salto hacia una tecnología de generación nucleoeléctrica se realice de la mano de una potencia nuclear regional como lo es Rusia. El futuro de la energía nuclear en Turquía dependerá de la continuidad de sus políticas y la visión a largo plazo que Turquía tenga hacia los costes y la independencia de su generación eléctrica.

En el desarrollo de un proyecto como lo es la construcción de una central nuclear, se requiere de una enorme inversión inicial. Esta inversión comienza a recuperarse una vez que la central nuclear entra en operación. Dado que Rusia financiará, construirá y operará la central de Akkuyu, Rusia debería ser uno de los grandes interesados en terminar la construcción en tiempo y forma.

(*) Cristian Vega, Presidente de la Asociación Argentina de Jóvenes Nucleares (AYNG por sus siglas en inglés)

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