Análisis científico sobre la situación de la cotorra en Madrid y en España, alternativas de gestión y desmentido de bulos sobre las cotorras. Por (*) José Luis Postigo Sánchez

El ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife intenta controlar desde hace unos meses al ave exótica Cotorra de Kramer, catalogada como invasora, y que son frecuentes en los parques y jardines de la ciudad, en la imagen en el García Sanabria. EFE/ Cristóbal García

¿Dejarías una gotera sin arreglar hasta que no inundara tu casa? Eso es precisamente lo que estamos haciendo con las cotorras. Estamos centrados en las poblaciones más grandes, como Madrid, Barcelona, Sevilla o Málaga, pero en realidad existen cotorras en otros 80 municipios españoles y sus bajos números nos podrían permitir controlarlas sin matarlas, algo que es prácticamente imposible en las otras 4 ciudades, sin embargo, toda la atención está puesta en las grandes poblaciones mientras cada día que pasa las pequeñas son un poco menos controlables.

En las poblaciones de menos de 500 cotorras, que en 2015 eran más de 80, técnicamente la captura de los individuos es viable y se podrían dar en adopción, una vez esterilizados e identificados, como las mascotas escapadas que son.

Es posible técnicamente y legalmente, ya que el Real Decreto de Especies Invasoras obliga a erradicar las cotorras del medio natural, prohíbe taxativamente que se vuelvan a liberar, pero la tenencia la prohíbe de forma genérica y contempla la autorización de la tenencia bajo ciertas condiciones y siendo esterilizadas, identificadas e inscritas en el registro de especies invasoras, se cumplirían todos los requisitos legales.

Ésta no es la solución ideal para los científicos, que saben que así se retrasa la retirada del último individuo y el riesgo de escapes duraría más de una década. Tampoco debe ser la solución ideal para los defensores de las cotorras, que las prefieren libres. Precisamente por ser la opción menos mala y no ser la opción de ninguna de las dos posturas enquistadas por décadas, podría ser una opción que desatascara la situación en esos 80 municipios que no salen en las noticias aún y que seguramente no intentan controlar sus cotorras para evitar la avalancha de críticas a la que estamos asistiendo. 

¿Y entonces, qué hacemos en Madrid y las otras 3 ciudades con muchísimas cotorras?

A esas ciudades hace tiempo que se le acabaron las soluciones “buenas” y la prueba es que un supuesto plan de control “ético” en Sevilla está capturando y matando más de 60 cotorras adultas anuales y se publica en prensa, pero nadie pone el grito en el cielo. 

Madrid concretamente tiene una población que no solo es enorme, es que se duplica cada 3 años. No sé si se entiende bien ese concepto. Significa que, si en 2015 se censaron 7.000 cotorras en Madrid, hoy podría haber 21.000 y en 3 años más 42.000; multiplicar la población por 6 en 9 años es una auténtica barbaridad, que no sucede con ningún otro animal de nuestro entorno cercano.

¿Están tiroteando a las cotorras en Madrid? 

Seamos serios, se están usando carabinas de aire comprimido, el mismo tipo de armas que se usan en las ferias para obtener premios, rodeados de gente y por aficionados en cualquier condición y nadie pone el grito en el cielo. En este caso las usan profesionales, en recintos cerrados al público, esgrimir que constituyen un peligro para el público no se corresponde con la realidad. De hecho, las duras imágenes que han corrido por las redes estos días demuestran que la muerte de la cotorra es instantánea, por eso, aunque nos choque, está considerado un método de muerte autorizado por las normas de bienestar animal europeas, ya que “no causa ningún sufrimiento innecesario al animal”. Trampearlo, transportarlo y eutanasiarlo con gas, como se hace en Sevilla, no parece que entrañe menos sufrimiento, pero como ya dijimos, no despierta ninguna crítica. Quizás el problema no sea el sufrimiento del animal, sino nuestra percepción de lo que es aceptable y lo que no y esa percepción se puede ver alterada por historias de cotorras agonizantes o hechas mil pedazos por sádicos cazadores, que no se corresponden con lo que hemos visto.

¿Existen alternativas?

Algunos repiten que existen alternativas, pero nunca las demuestran con números, no hay artículos científicos que demuestren sus propuestas con especies invasoras; más bien se suelen copiar de otras especies, como el pienso anticonceptivo de las palomas. Hay artículos científicos que demuestran que en lugar de reducir la población de palomas de Barcelona la está aumentando, ya que se está suministrando comida continuamente, pero si las hembras no consumen la cantidad mínima diaria, el anticonceptivo no hace efecto, así que estamos echándoles de comer sin más y eso que la población de palomas no tiende a crecer. Las cotorras no solo crecen al 20% anual, es que ni siquiera se conoce la dosis mínima necesaria que deberían consumir las cotorras y como hemos dicho,  a la velocidad que crece su población, cada año de “prueba” supone muchos miles de cotorras para controlar mañana.

La captura esterilización y suelta es ilegal e inviable, primero por la dificultad de trampear a las cotorras y segundo porque haría falta esterilizar al 80-90% de la población, unas 12.000 cotorras el primer año, para frenar el crecimiento, y no se pudieron trampear en Zaragoza 2.000 cotorras, plantear estos números es irreal.

La sustitución de huevos es inviable dado el tamaño de la población, porque harían falta miles de horas para sustituir decenas de miles de huevos en pocas semanas, antes de que eclosionen, es sencillamente inviable. 

¿Dónde están las voces autorizadas?

Es especialmente llamativo que colectivos conservacionistas de gran tradición, como Ecologistas en acción, se posicionen a favor de medidas sin respaldo científico y otros grupos como Green Peace o WWF-Adena no se posicionen a favor de las medidas respaldadas científicamente. Ante ese escenario de defensa de medidas imposibles y silencio de voces autorizadas y con el empuje de los activistas por los derechos de las mascotas, es normal que la población general esté confundida. 

Los bulos y respuestas.

“Su impacto no está demostrado” es equivalente a no apagar un incendio hasta que amenace a un parque nacional. La única forma de poder controlar a las especies invasoras es cuanto antes, para cuando se demuestran los impactos, a menudo la erradicación es imposible.

“Disparaarles/eliminarlas no sirve de nada, volverán a llenar los huecos las de alrededor”: eso es cierto en las palomas, que habitan las ciudades y fuera de llas, las ciudades que han erradicado las cotorras, como Zaragoza, Mallorca o la isla de la Palma no han vuelto a tener poblaciones de cotorras establecidas. 

“El pienso funciona y es más económico, las matan por dinero”: el pienso anticonceptivo además de no estar demostrada si efectividad con cotorras libres, solo lo vende una empresa en Europa y se tendrían que usar miles de toneladas durante décadas, en el supuesto que funcionase. Cualquier medida de control limutada en el tiempo es forzosamente más económica. 

“La culpa no es de ellas”: los animalesson irresponsables, por lo que hablar de culpa o tiene sentido. Quien sí tiene responsabilidad directa son los que practican el “vuelo libre” (liberar a tu cotorra para que vuele con la esperanza de que vuelva) y todas aquellas organizaciones autodenominadas animalistas que lo promueven. Siendo una de las pei cipales causas de escapes actuales.

(*) Sobre el autor:

José Luis Postigo Sánchez, es un ambientólogo de formación, investigador de la Universidad de Málaga y del Museo de Ciencias Naturales de Barcelona que está realizando una tesis doctoral sobre la cotorra argentina como especie invasora en el Paleártico Occidental. Ha publicado diversos artículos científicos sobre su ecología, distribución, comportamiento y está trabajando actualmente en su percepción social. En 2015 fue coautor y asesor del primer Censo Nacional de Cotorra argentina y de cotorra de Kramer respectivamente. En 2016 alertó de la presencia de los primeros híbridos de cotorra Alejandrina con cotorra de Kramer detectados en España. En los últimos años se ha especializado en el estudio del comportamiento animal como investigador en Alberta, Canadá. Todos sus estudios están orientados a encontrar una gestión efectiva de la especie. Es un apasionado del trabajo de campo, los climas extremos y de combinar deporte con avistamientos de fauna.

Fotografía: Archivo EFE/ Cristóbal García

 

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