Ahorro, eficiencia y trasvases. Por (*) Hugo Morán

Un somero repaso al estado de las reservas de agua en los embalses y pantanos de las dieciséis cuencas hidrográficas, cuando aún no hemos sobrepasado el ecuador del verano, nos permite aproximarnos sin ideas preconcebidas a una realidad de presente que se parece mucho más al preocupante futuro que al despreocupado pasado. El cambio climático ya ha llegado y ha venido para quedarse; las evidencias son abrumadoras; pero el relativismo con el que nos manejamos como sociedad en este nuevo escenario es inquietante, y la ausencia de un liderazgo político sólido capaz de gobernar con solvencia este presente es desolador.

El agua embalsada en las cuencas del Júcar y el Segura está entre diez y veinticinco puntos por debajo de la media de la última década (31% frente al 40%, y 22% frente al 46%, respectivamente). En consecuencia la mirada del agricultor levantino se dirige en igual medida al cielo que otros ríos en busca de soluciones al dramático dilema que le atenaza, y reclama respuestas a quienes cuatro años atrás le garantizaban la solución definitiva a sus desvelos en forma de un “Memorándum de Entendimiento”, adosado como un quiste a la Ley de Evaluación de Impacto Ambiental, que hoy se desvela como el engaño revestido de solemnidad institucional que algunos anticipábamos como pie de foto de aquella imagen de manos unidas y rostros sonrientes de un ministro, un secretario de Estado y los representantes de cinco comunidades autónomas, fraguado en los despachos de Génova 13.

Pero las esperanzas que no se atisban en el cielo se tornan en desesperanza cuando se baja la vista al suelo. El Tajo está al 46% de su capacidad, frente al 58% de la última década. El Duero, incurso en un decreto de sequía desde principios del pasado mes de junio, presenta un 42% de agua disponible embalsada, treinta y dos puntos por debajo del 74% de la media en los últimos diez años. Y el Ebro con un 64% se sitúa ya lejos del 72% del pasado año por estas mismas fechas y del decenio. Y el panorama no mejora nada a medida que se van desgranando las cifras del resto de cuencas.

El Memorándum del ex ministro Cañete (hoy responsable europeo de cambio climático) ni siquiera alcanza la categoría de papel mojado, porque escasea líquido para humedecerlo. Es, por el contrario, la demostración palmaria de la total ausencia de conciencia climática en las filas del Ejecutivo que nos gobierna, como también de la irresponsabilidad con la que el PP ha venido haciendo política con un agua que sólo veía como un apetecible caladero de votos, despreciando el alcance de unas consecuencias que, probablemente, no preveían tan cercanas en el tiempo.

Es hora de dejar atrás el oportunismo con el que el Partido Popular ha venido supliendo en estas últimas décadas su total ausencia de ideas en materia de agua, si es que de verdad hemos tomado conciencia colectiva de que España ya ha entrado definitivamente en una nueva era hidrológica, y de que es preciso adaptar nuestros usos a una realidad de orden natural que se ha precipitado por causas antropogénicas. Ya no caben respuestas políticas en forma de memorándum, ni pactos sustentados sobre hipotéticos derechos a un agua que ya no va a haber allí donde antes se pretendía obtener.

Nuestro país debe enfrentarse cuanto antes a su futuro, sabiendo que casi nada va a ser como fue, lo cual implica un cambio de mentalidad de tanto alcance como lo está siendo el cambio global que está alterando la vida en el Planeta. Así que hemos de comenzar por la educación a todos los niveles, abandonando ese relativismo que nos induce a considerar que el cambio climático consiste en unos documentales de icebergs que se desprenden de los polos y quizás unos centímetros menos de playa en el año 2100.

Agua y cambio climático

El agua es una asignatura de primero de cambio climático, y somos repetidores en la materia porque llevamos varios cursos de retraso. Tres son las lecciones que hemos de aprender para ponernos al día: ahorro, eficiencia y trasvases.

Trasvases, sí. Habrá a quien le resulte extraño que el PSOE utilice con absoluta normalidad la palabra trasvase en su discurso sobre agua, quizás porque hasta ahora se había obviado el verdadero alcance de aquél programa AGUA que un gobierno socialista puso en marcha a modo de un nuevo enfoque de la Directiva Marco del Agua 2000/60/CE. Un programa que incluía en su primer período de aplicación 2005-2008 unos 600 hectómetros anuales más de agua disponible aportados mediante desalación. Un programa que fue denostado desde el minuto uno por el Partido Popular, torpedeado desde sus gobiernos municipales y autonómicos durante años, y vaciado de contenido y presupuesto en cuanto llegó al Gobierno de la Nación, y que es hoy casi el único instrumento que éste tiene en sus manos para intentar paliar los efectos de la sequía.

Ahora que, para los otrora escépticos, las desalinizadoras ya no son las “nucleares del mar” y que el agua desalada ya no es peligrosa para la salud, es llegado el momento de abordar con rigor la estrategia de trasvases que España ha de impulsar cuanto antes y con suficientes recursos. Otros países ya han avanzado considerablemente en

El Secretario Federal de Ordenación del Territorio y Sostenibilidad del PSOE, Hugo Morán, en Efeverde.EFE/Pilar González

Hugo Morán, en Efeverde.EFE/Pilar González

esta materia, en muchos casos utilizando la experiencia tecnológica española. Trasvasar tierra adentro el agua del mar.

(*) Hugo Morán Fernández.

Secretario para la Transición Ecológica de la Economía.

(Las opiniones vertidas en esta tribuna reflejan exclusivamente la posición de su autor y no pueden ser atribuidas a EFEverde).

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