“A Retorta”, eucaliptos y la sombra de los arboles. Por Luis Gil

M.AMBIENTE/BOSQUES- Fotografía de archivo facilitada por la ONG "Bosques sin Fronteras" de "El abuelo de Chavín", el eucalipto gallego más alto de Europa enclavado en el Concelho de Viveiro (Lugo), que logró en 2010 el premio al "Árbol del Año", concedido por la ONG en colaboración con la Fundación Biodiversidad. EFE/ ***SÓLO USO EDITORIAL***

Autor: Luis Gil, secretario general de la Real Academia de Ingeniería  De los árboles ajenos a nuestra flora autóctona ninguna ha sido más atacada por la sociedad urbana que el eucalipto. La crítica lo es por ser exótica y, supuestamente, por desplazar a robles, hayas u otros árboles considerados más valiosos y que forman nuestros …

Autor: Luis Gil, secretario general de la Real Academia de Ingeniería 

De los árboles ajenos a nuestra flora autóctona ninguna ha sido más atacada por la sociedad urbana que el eucalipto. La crítica lo es por ser exótica y, supuestamente, por desplazar a robles, hayas u otros árboles considerados más valiosos y que forman nuestros bosques atlánticos. Pero comparar cultivos de eucalipto con bosques no es correcto. No siguen los principios de las masas naturales porque nunca ha sido el objetivo de sus propietarios. Además nuestros antepasados vienen quemando los bosques o, en otras palabras, cocinando el planeta, desde antiguo para despejar el terreno y dedicarlo al pastoreo o a la agricultura. Así lo muestra la tierra que rodea a los petroglifos de Campo Lameiro, un lugar habitado desde antes de la Edad de Bronce.

Un ejemplo que ayuda a comprender la diferencia entre bosque y cultivo son los eucaliptos del “Souto de A Retorta” en Chavín (Lugo), de casi 80 metros de altura. Estos eucaliptos sí forman un bosque, aunque modesto pues no llega a 3 hectáreas. Los seis árboles más antiguos fueron plantados entre 1884 y 1886 por un catalán afincado en Chavín, con objeto de drenar unos terrenos encharcados por el río Landro. El saneamiento fue un éxito y plantaron otros 50 pies 10 años más tarde y 544 árboles más en 1912. Sus sucesivos propietarios les han dejado llegar a viejos y, entre todos ellos, sobresale El Abuelo, con 67 metros de altura y 7,55 metros de perímetro a 1,30 del suelo. Hoy, bajo el dosel de estos exóticos árboles, y a su amparo se desarrolla un subpiso de castaños y robles de unos 40 metros y que reúne toda la biodiversidad propia del bosque atlántico; conviven alisos, fresnos, avellanos y otras especies de ambientes húmedos como el sauce, el helecho real, los arces y los abedules. Todos comparten un mismo suelo y aporte hídrico. La riqueza florística existente justifica que en el largo plazo el eucaliptar es un bosque sin sombra y ni es especie “invasora” ni “agresiva” que desplace a las autóctonas. Este pequeño bosque es hoy propiedad de la Xunta de Galicia y está declarado Monumento Nacional de Galicia. El Abuelo fue declarado Árbol del Año en 2010 por la Fundación Biodiversidad y la organización Bosques Sin Fronteras, ONG cuyo nombre revela que a los pueblos nos une la sombra de los mismos árboles, silvestres o cultivados.

Sobre el autor:

Luis Gil, es ingeniero de montes y secretario general de la Real Academia de Ingeniería




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