Una victoria ambiental de la ciudadanía. Por Carlos Bravo*

Una victoria ambiental de la ciudadanía. Por Carlos Bravo*

Una victoria ambiental de la ciudadanía. Por Carlos Bravo*

Imagen de la multitudinaria manifestación del 22 de febrero de 2014 en Ibiza contra el proyecto de prospecciones petrolíferas de Cairn Energy en el golfo de Valencia

Carlos Bravo*.-  A menudo las victorias que logran los movimientos ciudadanos en materia de medio ambiente quedan relegadas a un discreto segundo plano. Por muy relevantes que éstas sean, desde el punto de vista medioambiental o por su importancia sociológica y/o económica, reciben generalmente poca atención. Quizá ese no sea del todo el caso de la derrota de la petrolera Cairn Energy en el golfo de Valencia, pues la noticia sí fue bien recogida por las agencias, como Efeverde, y publicada no sólo en los medios regionales y nacionales, sino que también tuvo eco en medios internacionales, como The Guardian.

Desde luego, siempre es noticia en mayor o menor medida que una petrolera se vea a forzada a desistir de sus propósitos, acostumbrados como estamos a que estas poderosas empresas campen por sus respetos y se salgan siempre con la suya, a pesar de los graves desastres medioambientales y humanos que regularmente provocan.

Pero no siempre se analiza a fondo el por qué existente detrás de la decisión de una petrolera de desistir de uno de sus proyectos importantes. Sus bien pagados gabinetes de comunicación se encargar de disfrazar adecuadamente la noticia o distraer la atención con otras cosas.

Cairn Energy se ha visto recientemente forzada a renunciar a sus planes de extraer hidrocarburos en el golfo de Valencia, en un área de gran valor ecológico localizada frente a las costas de Ibiza y Formentera y de la Comunidad de Valencia. Pero esto se ha producido por el rechazo unánime, rotundo y constante que ha mostrado toda la sociedad balear en los últimos dos años a los proyectos de prospecciones petrolíferas del gigante escocés.

Para cualquiera que haya seguido de cerca el expediente de este proyecto o las noticias que se han ido dando al respecto de la evolución de su tramitación, resultará obvio que Cairn Energy, de algún modo conocedora privilegiada de que la Declaración de Impacto Ambiental (DIA) del proyecto iba a ser negativa, decidió emprender una retirada aparentemente “voluntaria”, pidiendo la extinción de los permisos de exploración de hidrocarburos que tenía concedidos en la zona del golfo de Valencia (y perdiendo de paso los derechos otorgados para explotar comercialmente los yacimientos de petróleo o gas que pudiera encontrar en esa zona), como estrategia de contención de daños a su imagen y sus intereses bursátiles, en lugar de esperar a recibir el varapalo de una resolución negativa por parte del Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente (MAGRAMA).

No había posibilidad alguna de que esa DIA hubiera sido positiva, dada la potente carga argumental científica y medioambiental contra el proyecto y el rechazo tan enorme por parte de todos los sectores de la sociedad.

Más de 128.000 alegaciones (de las cuales 117.000 proceden de Baleares) de ciudadanos contrarios al proyecto de prospecciones de Cairn Energy (que se encontraba en su primera fase: los sondeos acústicos) fueron legalmente registradas a principios de 2014 en este procedimiento administrativo, lo que constituye un récord histórico de enorme trascendencia en un proyecto de estas características. Además se presentaron decenas de alegaciones de Administraciones, instituciones, ONG, entidades del sector privado, del sector del turismo, del náutico, de cofradías de pescadores, etc., todas ellas contrarias al citado proyecto. En todas esas alegaciones se hacía hincapié en los negativos y críticos impactos medioambientales que tendría este proyecto para la fauna marina y sus hábitats, así como para las especies de interés pesquero. Hay que citar también el informe de septiembre de 2014 emitido por la Dirección General de Sostenibilidad de la Costa y del Mar, perteneciente al MAGRAMA, que desaconseja de forma contundente la realización de este proyecto por una larga serie de motivos medioambientales y por ser éste incompatible con los objetivos establecidos en la legislación de protección de la biodiversidad y los objetivos de la ley de protección del medio marino y de las estrategias marinas.

También el Govern balear apoya el rechazo a este proyecto y al resto de prospecciones petrolíferas planeadas en torno a las Islas Baleares, al igual que sucede con todos los Consells insulares. Es el mismo caso del Parlament balear, donde se han aprobado unánimemente varias mociones en este mismo sentido, gracias a la iniciativa de los distintos partidos políticos.

Sea como sea, el caso es que el trabajo conjunto de organizaciones de diversos ámbitos del sector público y del privado y de la sociedad civil ha conseguido echar a una poderosa petrolera y evitar que ésta pudiera llevar a cabo su pretendido objetivo de llenar el golfo de Valencia de plataformas petrolíferas poniendo en riesgo el medio ambiente, la pesca y las bases económicas de las islas Baleares y la vecina Comunidad de Valencia.

Creo que no es arriesgado afirmar que en las islas Baleares ha cuajado un gran movimiento ciudadano que no parará hasta conseguir que el Mediterráneo Occidental sea declarado Zona Libre de Prospecciones Petrolíferas.

A mediados de 2013 nació la Alianza Mar Blava, una plataforma intersectorial constituida por administraciones públicas (Consells insulares y Ayuntamientos de Ibiza y Formentera), entidades de sectores económicos potencialmente afectados como el turismo, la pesca, la agricultura o la navegación, organizaciones sociales y ecologistas, sindicatos e instituciones públicas y privadas, cuyo objetivo es parar definitivamente los proyectos de prospecciones petrolíferas en el Mediterráneo occidental, y que actualmente cuenta con más de 80 miembros.

Este movimiento empezó a tomar fuerza a partir de finales de 2013 y principios del año siguiente, cuando el proyecto de Cairn Energy fue sometido a información pública. El trabajo de la Alianza Mar Blava, sumado al de otras plataformas como Eivissa Diu No, Eivissa antipetrolífera, Marea Blava Mallorca, Balears Diu No, y de cientos de voluntarios, fue el catalizador de numerosas iniciativas y actos de protesta, de la recogida de esas más de 128.000 alegaciones ciudadanas ya citadas, de multitudinarias manifestaciones, etc.

Lo que está pasando en Baleares, donde la lucha de la sociedad balear continúa contra otros proyectos de prospecciones petrolíferas, así como la oposición ciudadana que se generó contra los sondeos exploratorios de Repsol en aguas canarias o los fuertes movimientos surgidos contra el fracking en numerosas comunidades autónomas, debería hacer pensar, no sólo a las empresas del sector de hidrocarburos sino a nuestros dirigentes, que los tiempos están cambiando y el de los combustibles fósiles está llegando a su fin. Aunque ellos ignoren el problema del cambio climático, los ciudadanos ya no lo hacen y están tomando posiciones.

Quizá la prueba más clara de esto último esté en las conclusiones del sondeo internacional World Wide Views Climate and Energy, promovido por la ONU y por el Gobierno de Francia de cara a la Cumbre de París sobre cambio climático de finales de año, en el cual se concluye que el 69,2% de los españoles aboga por “suspender definitivamente la exploración de todas las reservas de combustibles fósiles”. Sólo un 6% de los españoles opta por seguir autorizándolas. Por otra parte, el 81% de los españoles consultados consideran que “el cambio climático no es una prioridad nacional pero debería serlo”.

Pero al ministro de Industria, José Manuel Soria, no se le ocurre otra cosa que promover la exploración y explotación de los recursos fósiles y, paralelamente,  ignorar el potencial de la eficiencia energética y obstaculizar al máximo la utilización de las energías renovables, hasta llegar a puntos surrealistas. Muestra de ello es la propuesta de poner un “peaje al sol”, y de penalizar el uso de baterías de acumulación de la energía autoproducida, en su propuesta de regulación del autoconsumo. No hay peor ciego que el que no quiere ver.

 

Carlos Bravo* (@capitanfoton)

Biólogo, consultor ambiental, miembro de Salvia y Coordinador Técnico de la Alianza Mar Blava

13 de junio de 2015




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Un equipo de periodistas especializados en periodismo e información ambiental de la Agencia EFE www.efeverde.com y www.efefuturo.com