¿Por qué le llaman prohibición de descartes cuando quieren decir piensos de pescado? Por Anna Rosa Martínez – Salvia

¿Por qué le llaman prohibición de descartes cuando quieren decir piensos de pescado? Por Anna Rosa Martínez – Salvia

¿Por qué le llaman prohibición de descartes cuando quieren decir piensos de pescado? Por Anna Rosa Martínez – Salvia

Autor: Por Anna Rosa Martínez – Salvia

En la opinión pública ha calado que la actual reforma de la Política Pesquera Común (PPC) de la Unión Europea, actualmente en trámite, supondrá un gran avance ecologista, especialmente porque incluye el conocido discard ban (prohibición de los descartes), es decir, la prohibición de tirar por la borda y devolver al mar los peces, vivos o muertos, que hayan caído en las artes pesqueras pero no son el objetivo del pescador. En adelante, las capturas no deseadas deberán desembarcarse en puerto. Oficialmente, la UE eliminará así las patéticas y criticadas escenas de los peces moribundos tirados por la borda. Pero los hechos señalan ya que la prohibición de los descartes amenaza todavía más la sostenibilidad de las pesquerías europeas, y constituye el caballo de Troya de la industria acuícola. ¿Cómo explicar esta paradoja?

La selectividad de la pesca es su capacidad de capturar solamente las especies que el pescador desea comercializar y, dentro de esas especies, los tamaños autorizados u óptimos. Una operación pesquera poco selectiva captura especies no deseadas o especímenes de tamaño inadecuado de la especie objetivo. La selectividad de cada operación depende del tipo de arte que se cale, y de dónde (en superficie o en el fondo) y cuándo (al amanecer, de día, por la noche…) se utilice. Las capturas accidentales y accesorias son una consecuencia de la falta de selectividad de las operaciones pesqueras y los descartes –devolverlas al mar – también.

La UE contempla, pues, prohibir un efecto, y no una causa. Prohibir los descartes es prohibir el efecto de la poca selectividad de las operaciones pesqueras. Cuando lo que se debería es introducir medidas que aumenten esta selectividad. El texto en discusión enfatiza que la obligación de desembarcar en puerto las capturas no deseadas no debe repercutir en sobrecoste alguno para el armador, con lo que no se incentiva que los barcos aumenten la selectividad de sus operaciones pesqueras. Aún peor: las medidas propuestas por la Comisión Europea y avaladas por el Parlamento proveen fondos para crear un nuevo mercado para los pescados que hasta ahora eran devueltos al ecosistema al lanzarlos por la borda. ¿Qué mercado? El de las harinas para piensos, una materia prima imprescindible para la acuacultura, de la que la UE es deficitaria. Algunos ¿¿analistas?? de la industria acuícola ya se han congratulado por esta medida. Pero, además, y especialmente en el Mediterráneo, se cierne el peligro de resucitar el mercado de los “pezqueñines”, puesto que se podrá justificar su desembarco y su transporte, hasta ahora prohibidos.

En una jugada maestra, la griega Maria Damanaki, Comisaria de Pesca de la UE, se ha apropiado de la bandera de la sostenibilidad para impulsar una medida, el discard ban, en beneficio de la industria acuícola europea y de su país, una de las principales potencias mediterráneas en acuacultura. Si el Consejo de Ministros de la UE acepta la propuesta de la Comisión y el Parlamento Europeo, la UE abrirá la puerta a las pesquerías basura, o trash fishery: pescar de todo, aprovecharlo todo. En lugar de aumentar la selectividad de las operaciones pesqueras, e incidir sobre la causa del problema, la prohibición de los descartes promovería una pesca menos selectiva, resultando en un inmenso retroceso para la sostenibilidad de la pesca…

Esperemos que en las últimas fases de la negociación, la prohibición de los descartes… sea descartada.




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