Fukushima, tres años después, y el gobierno sigue sin aprender nada. Por Carlos Bravo

Fukushima, tres años después, y el gobierno sigue sin aprender nada. Por Carlos Bravo

Fukushima, tres años después, y el gobierno sigue sin aprender nada. Por Carlos Bravo

Carlos Bravo (Salv ia).- Se cumplen tres años de la catástrofe nuclear de Fukushima. A pesar del tiempo transcurrido, la situación en la central nuclear siniestrada sigue sin estar controlada: continúa liberándose contaminación radiactiva al aire, al suelo, al mar; se producen con preocupante frecuencia fugas de importantes cantidades de agua contaminada con un altísimo nivel de radiactividad; la gestión de los residuos generados sigue siendo un desastre; no se ha diseñado un plan para desmantelar los reactores accidentados, etc.

 

La Autoridad de Regulación Nuclear japonesa ha registrado más de dos centenares de incidentes en ese emplazamiento tras el accidente nuclear del 11 de marzo, lo que es un claro exponente de la citada falta de control de la situación. Algunos de estos sucesos son de gran importancia, como las fugas de agua radiactiva producidas en agosto de 2013 (más de 300 toneladas) y febrero de 2014 (más de 100 toneladas), calificadas de momento como de nivel 3 en la Escala Internacional de Sucesos Nucleares (INES; siendo 7 el nivel más alto en la escala: el que fue otorgado a los accidentes de Chernóbil y de Fukushima). La fuga de miles de toneladas de agua altamente radioactiva se considera como una de las principales razones de que se mantenga el nivel anormalmente alto de radiación en Fukushima. Y es la causa segura de la contaminación de los ecosistemas marinos y de la pesca (se han capturado peces con niveles de radiactividad muy por encima de lo permitido).

 

Por otra parte, datos desvelados por el prestigioso diario japonés Asahi señalan que cerca de la mitad de los empleados de la central nuclear es decir, más de 15.000 personas, están recibiendo dosis de radiación por encima de lo permitido.

 

En cuanto a los evacuados, aún 52.000 personas siguen sin poder volver a sus hogares en la zona contaminada porque los niveles de radiactividad son demasiado altos.

 

Días antes del tercer aniversario de la tragedia que vivió Japón el 11 de marzo de 2011, decenas de miles de personas participaron en una manifestación antinuclear en Tokio para demandar el cierre de sus centrales nucleares. Pedían el cierre definitivo de éstas, pues los 48 reactores nucleares japoneses están, de hecho, provisionalmente parados desde hace casi dos años, por lo que el Japón no cuenta desde hace meses con producción de electricidad de origen nuclear. Pero el Gobierno nipón del primer ministro, Shinzo Abe, no ha aprendido ninguna lección de lo ocurrido en Fukushima y, en lugar de promover las energías renovables y profundizar en la eficiencia energética, lo que intenta es reactivar el riesgo nuclear tratando de que vuelvan a funcionar esos reactores. Durante la manifestación, varios músicos tocaron utilizando la electricidad producida por grandes paneles solares, para demostrar que se puede vivir sin centrales nucleares.

 

De forma similar al nipón, tampoco el Gobierno español parece haber aprendido nada de las consecuencias del desastre. Así nos encontramos con el caso de la central nuclear de Garoña (instalación gemela del reactor 1 de Fukushima), la cual cesó definitivamente su explotación en julio de 2013 y que, a pesar de ello, sin razón energética, ambiental o económica real que lo justifique, el Gobierno de Rajoy quiere volver a poner en marcha a toda costa, para lo cual está haciendo cambios regulatorios prácticamente ad hoc. En efecto, mediante el Real Decreto 102/2014, de 21 de febrero, sobre gestión responsable y segura del combustible nuclear y los residuos radiactivos, el Gobierno ha modificado la normativa para favorecer la reapertura de la central nuclear de Garoña. Si finalmente se pusiese otra vez en marcha, esta central pasaría a ser de las más antiguas del mundo en operación. Habrá que confiar en que los servicios técnicos del Consejo de Seguridad Nuclear (CSN) actúen desde la debida independencia, exigiendo el cumplimiento estricto de todas las exigencias derivadas del desastre nuclear de Fukushima, que junto con la actualización de la planta a partir de todas las revisiones legalmente exigibles, situarían su reapertura en el plazo de unos 3 años según los datos hechos públicos. De lo contrario, sería un grave escándalo, que daría medida de la supeditación del organismo regulador y supervisor nuclear a los deseos e intereses del lobby nuclear y a los del propio Gobierno.

 

Los problemas de seguridad de Garoña son muy importantes, y vienen de lejos, pero se han hecho más evidentes tras el desastre de Fukushima. En primer lugar, los problemas de agrietamiento que afectan desde los años 80 a diversos componentes de la propia vasija del reactor. Con estos antecedentes, el descubrimiento, el mes de julio pasado, de grietas en la propia estructura de la vasija de los reactores belgas Doel-3 y Tihange-2, elaboradas por la misma empresa que fabricó la de Garoña, permiten suponer que Garoña probablemente podría estar aquejada de este grave problema.

 

En segundo, la central de Garoña es incapaz de refrigerar correctamente el núcleo del reactor incluso en funcionamiento rutinario, que se hace a costa de provocar un enorme sobrecalentamiento de las aguas del río Ebro a su paso por Garoña. Para resolver ese problema, tal y como se deriva de las exigencias de la nueva autorización de vertido de aguas de refrigeración otorgada por la Confederación Hidrográfica del Ebro, si Garoña quiere volver a funcionar, Nuclenor (la compañía propietaria, a su vez 50% Endesa y 50% Iberdrola) deberá construir una torre de refrigeración o hacer funcionar la central a potencia reducida.

 

Además, como puede verse en el “Informe final de las pruebas de resistencia realizadas a las centrales nucleares españolas”, elaborado por el CSN y publicado con fecha 22 de diciembre de 2011, aparecen importantes lagunas todavía sin cerrar por parte del CSN y que, desde luego requerirán inversiones muy importantes en la instalación para que ésta pueda seguir operando en condiciones de seguridad.

 

Entre otras, se refieren a resistencia ante terremotos, dentro y fuera de la instalación, por ejemplo con la rotura rápida o instantánea de la presa del Ebro, aguas arriba, como escenario derivado del terremoto, con la consiguiente inundación del emplazamiento de Garoña, escenario que no ha sido contemplado, y que Garoña no podría resistir. Confiamos en que no se cometa la equivocación de volver a poner en marcha a esta vieja y obsoleta central nuclear.

 

Carlos Bravo Villa

Miembro de Salvia

@Salvia_team

www.salviateam.eu

 




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Un equipo de periodistas especializados en periodismo e información ambiental de la Agencia EFE www.efeverde.com y www.efefuturo.com