Las praderas submarinas de Cymodocea. Por (*) Manuel González

Las praderas submarinas constituyen unos ecosistemas marinos litorales de gran importancia biológica y económica. Son zonas con una elevada biodiversidad en la que además viven y se reproducen numerosas especies de interés pesquero. Desde hace años estos ricos ecosistemas marinos están en regresión debido a las alteraciones ambientales que producen ciertas actividades humanas.

Las praderas submarinas más conocidas son las de Posidonia oceánica, aunque ésta no es la única especie que forma este tipo de ecosistemas marinos. Hoy hablamos de otra especie, la Cymodocea nodosa, que se halla en fondos de arena y limo, a una profundidad que va desde cerca de la superficie hasta los 30 mtrs. Esta planta forma unas praderas sumergidas que reciben el nombre de gram, grama de mar, entina y también seba, según la localización geográfica donde estén ubicadas.

Esta especie aparece en aguas someras con fondos arenosos y fangosos en los que abundan los sedimentos, aunque también pueden desarrollarse en arenales situados entre los 20 y 25 metros de profundidad. Son habituales también en zonas deltaicas, como es el caso de la Badia dels Alfacs y la del Fangar, en el Delta del Ebro, o en aguas hipersalinas, como es el caso del Mar Menor.

En toda la costa española se calcula que las praderas de entina ocupan una superficie de unos 360 km² distribuidos por el litoral del mediterráneo, el atlántico del sur de la península ibérica y en Canarias. Aproximadamente la mitad de la superficie que ocupan las praderas de posidonia.

Hemos de recordar que las fanerógamas marinas, como es el caso de la Cymodocea, no son algas. Son plantas terrestres que, hace millones de años, se adaptaron al medio marino.

Lo curioso de esta especie es que los tallos generalmente están enterrados en la arena y en los sedimentos del fondo, por esto se les confunde con las raíces.  Forman  cordones largos y delgados que crecen horizontalmente  por el interior del lecho marino. A estos tallos se les denomina rizomas.

Del rizoma salen hacia abajo numerosas raíces que se hunden más en el substrato. Con ellas se fija y absorbe los nutrientes que necesita la planta. Hacia arriba se pueden ver pequeñas ramificaciones que acaban en haces de hojas acintadas y de color verde claro. Cada una mide entre 40 y 50 cms de longitud y medio centímetro de ancho.

Para su reproducción estas plantas tienen flores, frutos y semillas. La floración tiene lugar a finales de primavera y cuando las condiciones ambientales son favorables.

En los fondos blandos de arena y sedimentos y cuando las condiciones ambientales permiten el desarrollo de herbazales de esta planta se observa que los rizomas forman estructuras tridimensionales. Es un entramado de rizomas, raíces y hojas que favorece la presencia de numerosas especies, tanto de invertebrados como de peces.

Hay animales que aquí encuentran un hábitat ideal para protegerse y pasar desapercibidos mientras que otros buscan las pequeñas presas que viven entre las hojas o en el fondo de arena.

Durante la época de reproducción numerosas especies se acercan a las praderas submarinas para aparearse y depositar sus puestas, es el caso de las sepias, calamares y de muchos peces.

También abundan los depredadores que se alimentan de pequeños peces. Todo ello contribuye a que en estos fondos la biodiversidad sea alta.

Las praderas de Cymodocea tienen un ciclo anual muy evidente. En invierno las hojas son cortas, de pocos centímetros, y su densidad también es baja. Conforme va aumentando la temperatura y las horas de luz las hojas van creciendo y aparecen muchas de nuevas. El máximo desarrollo y esplendor lo alcanzan durante el verano. Durante los meses de otoño entran en regresión hasta alcanzar de nuevo el mínimo desarrollo en los meses invernales.

Durante los temporales de invierno la fuerza del agua puede afectar a las praderas de entina depositando en la playa a grandes masas de rizomas.

La lista de amenazas que afectan a las de praderas de Cymodocea es larga. Además del cambio climático, la aparición de especies invasoras, o los contaminantes, tanto orgánicos como inorgánicos, cabe destacar el extraordinario aporte de nutrientes y de materia orgánica que pueden recibir como consecuencia del drenaje de agua campos de cultivo, o el dragado de fondos de arena para la regeneración de playas con la consiguiente destrucción de las comunidades marinas asentadas en ellos. La consecuencia de todo ello es que desde hace tiempo estos ecosistemas estén en regresión.

Para quién esté interesado en conocer mejor estas comunidades marinas o saber el estado de conservación de las praderas submarinas de una zona concreta del litoral español puede consultar el Atlas de las praderas marinas de España elaborado por el Instituto Español de Oceanografía.

http://www.ieo.es/es/atlas-praderas-marinas

(*) Manuel González (BIOIMATGEwww.buscandoelazul.com

Más información en Bioimatge y Buscando el azul

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