Túneles y cuevas submarinas. Por (*) Manuel González

Túneles y cuevas submarinas. Por (*) Manuel González

Las cuevas submarinas son uno de los hábitats marinos más frágiles. Los organismos que viven en ellas forman comunidades muy estables que son sensibles a pequeños cambios.

En las cuevas más visitadas la presencia habitual de buceadores tiene un impacto importante si no se extreman las medidas para evitar golpear y romper a los frágiles invertebrados marinos que viven allí o para evitar que se acumulen grandes cantidades de aire en el techo de las cavidades.

En general en la costa española no son muy abundantes, no obstante en algunas zonas hay cavidades submarinas de grandes dimensiones. Su presencia depende, sobre todo, del tipo de rocas que forman el litoral.

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Fundamentalmente las cuevas submarinas tienen dos orígenes: uno es cuando el suelo es de tipo cárstico, es decir, está formado por materiales calcáreos fáciles de erosionar por la filtración del agua de lluvia, es el caso del Macizo del Montgrí, en Girona, del litoral de las islas Baleares y de Granada, por ejemplo.

Otras cuevas submarinas tienen un origen completamente distinto. Están en suelos de origen volcánico. En determinadas condiciones cuando la lava volcánica se enfría y solidifica puede formar cavidades y tubos volcánicos. Algunas son de gran longitud, como es el Túnel de la Atlántida, en la isla de Lanzarote. Este tubo volcánico tiene 1500 metros de longitud y junto con los Jameos del Agua y la Cueva de los Verdes forma parte del Tubo de La Corona, uno de los mayores tubos volcánicos conocidos hasta la fecha. Las cuevas de origen volcánico son habituales en las islas Canarias.

A pesar de su distinto origen geológico desde el punto de vista ecológico las condiciones ambientales son muy parecidas en todas ellas.

La vida en el interior de estas cavidades viene condicionada por la progresiva disminución de la luz ambiental al aumentar la distancia a la entrada y por la presencia, o no, de corrientes que permitan la renovación de agua en su interior.

 

Cuando los buceadores penetran en las cuevas submarinas pueden observar que, a pocos metros de la entrada, han desaparecido las algas. Esto se debe a que la ausencia de luz impide la fotosíntesis. No muy lejos de la entrada las comunidades biológicas de las cuevas submarinas están formadas sobre todo por animales.

Pero no todos están repartidos por igual. A medida que se avanza la densidad de organismos va disminuyendo. A unas decenas de metros de la entrada las paredes de las cuevas ya están casi desnudas y tienen muy poco recubrimiento orgánico. Esporádicamente puede verse esponjas, briozoos, algún que otro gusano y pequeños cnidarios. Son muy pocas las especies capaces de vivir en estas condiciones ambientales.

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Aquí las condiciones ambientales son muy especiales puesto que además de la oscuridad total, pueden darse importantes variaciones de temperatura del agua desde la entrada hasta las zonas más alejadas de la cueva, en su interior hay muy poca circulación de agua y, por tanto, la renovación del agua es muy lenta. Además puede haber filtraciones de agua dulce, con lo que puede disminuir notablemente la salinidad del agua de mar.

La circulación del agua de mar y su renovación dentro de las cavidades es un factor determinante de la vida en las cuevas submarinas. De estos desplazamientos de agua depende la disponibilidad de alimento y oxígeno que necesitan los animales para vivir y la eliminación del dióxido de carbono y de las sustancias de desecho que producen el metabolismo de estos organismos.

Todos estos factores ambientales crean unas condiciones ambientales muy especiales a las que se han adaptado muy pocas especies, por este motivo a medida que nos distanciamos de la entrada podemos observar que progresivamente hay menos organismos hasta que, finalmente, casi desaparecen.

Desde el punto de vista ecológico hay una gran diferencia entre los túneles y las cuevas submarinas. La característica principal de los túneles es que en sus extremos poseen una o varias aberturas por donde entra y sale el agua.

Si tienen la longitud suficiente, en ciertos tramos de los túneles hay una oscuridad casi total. En esta situación también desaparecen las algas pero al estar abierto por sus extremos en los túneles se produce una renovación continua de agua que arrastra hacia el interior a organismos planctónicos y a partículas de materia orgánica. Por este motivo las paredes de los túneles suelen estar llenas de vida.

Hay que remarcar que en el interior de los túneles y de las cuevas submarinas viven organismos muy frágiles y de crecimiento muy lento. Cualquier actividad que produzca su destrucción provocará daños prácticamente irreparables.

(*) Manuel González (BIOIMATGEwww.buscandoelazul.com .

Más información en Bioimatge y Buscando el azul

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