ám@me: Del amor como cuidado y buentrato a las personas y al planeta (y 2). Por (*) Valentín Carrera

ám@me: Del amor como cuidado y buentrato a las personas y al planeta (y 2). Por (*) Valentín Carrera

En la primera parte de este artículo, a propósito del libro ám@me de las «cuidadoras de la igualdad» Chis Oliveira Malvar y Amada Traba Díaz, decíamos estar ante una guía de crecimiento personal para encontrar la salida en el laberinto del patriarcado. En esta segunda y última entrega, las autoras desnudan los costes ocultos del machismo sostenidos, como los del cambio climático, en la desigualdad.

El relato racional y emocional, que Traba y Oliveira nos invitan a compartir, se basa en un paradigma: el cuidado, la cara menos visible y menos valorada del amor. “Para nosotras, el cuidado es el núcleo del concepto del amor, tanto en el plano personal como en el político; y si ponemos el cuidado en el lugar que le corresponde, además de cambiar las relaciones injustas y jerárquicas, construiremos un mundo más democrático”.

Frente al matrimonio “como una prisión para el amor”, el cuidado como esencia de las relaciones humanas. Frente a lo que se impone como “Uno” —monarca, monogamia, monopolio, monólogo—, la diversidad que se escoge libremente: diálogo, democracia, relaciones abiertas, poliamor, igualdad. Frente al dominio, la posesión y el control: compersión (la RAE aún no se ha enterado de este concepto: empatía con la felicidad ajena, alegrarse por los logros de una hija, de un amigo; o tener sentimientos positivos cuando tu amante disfruta de otra relación. Lo contrario de los celos). Anoten esta palabra en su Diario: compersión.

En vez del modelo bíblico —la tentadora Eva encarnación misma del pecado (original)—, las autoras prefieren el modelo del Principito: permitir que seas feliz aunque tu camino sea distinto del mío. Pero, ¿cómo hacerlo? ¿Cómo cambiar Caperucita Roja, El cuento de la criada, Cincuenta sombras de Grey o el imaginario cursi de Walt Disney?

Felices sin comer perdices

“Se acabó tu historia, querido Walt”, escribe Marta Fornés dando voz “a las gordas, las flacas, las que no se depilan, las solteronas, las de las tetas caídas, las que no saben cocinar, las que tienen novia, las que no quieren hijos, las promiscuas, las malfolladas y todas las que quieren vivir felices sin comer perdices, sino lo que les salga de los ovarios”.

Chis Oliveira Malvar y Amada Traba Díaz

Para desmontar el relato bíblico, Oliveira y Traba proponen un juego divertido: en vez de Caperucita Roja, prueba a contar a tus hijas el cuento de Caperucito, que va por el bosque con un cestito, a ver a su abuelo con la merienda que le prepara su padre y se encuentra con una leñadora y una loba. Podemos imaginar a Luperca, capaz de amamantar a dos bebés humanos, Rómulo y Remo, frente al Lobo feroz; pero nos cuesta más imaginar un Blanconieves, bello durmiente a la espera de ser rescatado por Alita; o un Ceniciento fetichista, practicando la adoración de los pies en el palacio de la Venus de las Pieles.

Para deconstruir las trampas del patriarcado necesitamos del pensamiento crítico: “Barrer la casa por dentro”, dicen las autoras citando a Zambrano. En este punto quiero volver al paradigma de la igualdad: el amor entendido como cuidado. Un paradigma horizontal, transversal, que enlaza el feminismo con la ecología. Las próximas movilizaciones del 8M y 15M (huelga mundial por el clima) forman parte de una misma lucha, una nueva revolución en la que la Marianne grita: “Liberté, Égalité, Sororité”.

Los costes ocultos del machismo

El pacto de sororidad —con demasiada frecuencia, la mujer es su peor enemiga— significa desprenderse de la mochila del auto-odio. En este punto las autoras introducen un concepto novedoso (todo el libro lo es), tomado de la contabilidad empresarial: los costes ocultos. He usado este concepto muchas veces en ecología (así, la minería salvaje basada en el puro beneficio económico, deja un rastro de costes ocultos que paga toda la sociedad: miles de enfermos de silicosis, accidentes, alcoholismo, ludopatías, y un terrible destrozo ambiental en ríos, montes y valles).

Siguiendo el modelo contable, ¿cuáles son los costes ocultos del machismo? Por supuesto, las altas tasas de crímenes y violencia, pero también suicidios, adiciones, traumas, dolor. Desde esta contabilidad social, las autoras proponen revisar la masculinidad, empezando en la escuela: coeducación basada en la empatía, la tolerancia, la compasión y la autocrítica. No en vano, Traba y Oliveira atesoran una experiencia docente vocacional, en la que han tenido que vencer muchas resistencias —desde los propios centros a las familias—, hasta llegar al Comando Igualdade.

Los costes ocultos del cambio climático —no se olvide que capitalismo salvaje, colonialismo, deforestación o contaminación se escriben con tinta masculina— y los costes ocultos del machismo se sostienen en la desigualdad (entre países, entre géneros, entre clases sociales). No concibo una salida al desorden climático que no pase por una sociedad igualitaria: las mujeres son las primeras víctimas de las sequías y hambrunas, de la pobreza energética o de la explotación colonial, de los fundamentalismos religiosos y de sus guerras del petróleo. Y viceversa: no concibo un “amor como cuidado” que no incluya el cuidado de nuestra casa común, esa que tenemos que barrer juntos con la escoba de María Zambrano.

Plantar juntas, dicen Chis y Amada, la huerta del amor; cambiar la Guía Campsa por el Mapa de la ternura de Madeleine de Scudéry (1654), “la revolución de la ternura” de la que hablaba Carlos Vázquez en la serie de tv Linatakalam. Sembrar en esa huerta del amor el buentrato, ¡Hola, Real Academia!: “Buentrato es cuando nos respetamos, nos cuidamos y nos tratamos con generosidad; cuando las otras personas nos cuidan, nos respetan y nos reconocen, tienen en cuenta lo que nos gusta y atienden nuestras necesidades”.

Buentrato a las personas y buentrato al planeta: el amor como cuidado, el cuidado como paradigma de la igualdad, recolocar las relaciones en horizontal, la sororidad verde. Win-win: mujeres y hombres salimos ganando con la igualdad, con la ternura, con el cuidado. Todo esto, y mucho más que no puedo resumir aquí, está en el libro ám@me de Chis Oliveira y Amada Traba. Léanlo a una, a dos, a cuatro o a seis manos: nos vemos en Ítaca.

(*) Valentín Carrera es periodista.

 

Entregas anteriores:

Otras entradas del blog de Valentín Carrera “Lo pequeño es hermoso”




Secciones: