Posidonia oceánica: longeva, grande y sabia. Por Gustavo Catalán Deus

17/11/09.- Cámara de Oceana filmando una pradera mixta de (Cymodocea nodosa) y (Posidonia oceanica) exhibida hoy por Oceana Europa en el proyecto de regeneración de fondos marinos que se ha desarrollado en el área de Punta Entinas-El Sabinar, frente a las costas de Roquetas de Mar, Almería. EFE/

Autor: Gustavo Catalán Deus De la Posidonia oceánica se sabían muchas cosas hasta ahora, pero no quizá la más importante: se trata de la especie más longeva de la biosfera. La prueba de esa veteranía vital la han descubierto científicos del CSIC en una pradera de Posiciona oceánica en las proximidades de Formentera, que han datado nada menos que en …

Autor: Gustavo Catalán Deus

De la Posidonia oceánica se sabían muchas cosas hasta ahora, pero no quizá la más importante: se trata de la especie más longeva de la biosfera.

La prueba de esa veteranía vital la han descubierto científicos del CSIC en una pradera de Posiciona oceánica en las proximidades de Formentera, que han datado nada menos que en 100.000 años su edad.

El hallazgo ha merecido que la revista estadounidense Plos ONE le dedique un artículo a esta simple planta marina –amenazada y endémica del Mediterráneo- que debe su longevidad al crecimiento clonal, un proceso que comparte con el resto de las angioespermas, plantas marinas (que no algas) con flores que se reproducen entre una muy baja profundidad y los 30 metros de profundidad, donde empieza a recibir menos la luz natural.

Ese proceso de crecimiento clonal  está basado “en la continua división de sus meristemos (regiones donde se producen nuevas células) rizomas, tallos que crecen a un ritmo extremadamente lento, aproximadamente de un centímetro al año, y conectan las nuevas plantas que se van creando”, explican los científicos del Consejo Superior de Investigaciones Científicas.

Según parece, los rizomas ocupan lentamente el espacio extendiéndose varios kilómetros produciendo millones de plantas a partir de un mismo clon.

El investigador Carlos Duarte declara que “estos rizomas son leñosos, muy resistentes a la degradación y mantienen las conexiones con el mismo clon durante miles de años. El proceso es lento porque los tallos tienen un centímetro de diámetro y las hojas pueden alcanzar hasta un metro de longitud, y conectan las nuevas plantas que se van criando”.

Es decir, que una misma planta va ocupando cada vez más extensión en el fondo marino, lo que a la vez la convierte probablemente en el organismo más grande del que se tiene conocimiento.

La ciencia pone hoy ante nuestros ojos algo extraordinario que no supimos ver en tiempos pasados. Cuando la Posidonia oceánica no ocupaba ningún interés del colectivo científico y aún mucho menos del político, sobre las praderas de Posidonia se han cometido en nombre del desarrollo las mayores brutalidades en los tiempos modernos.

Esta planta que también reúne entre sus cualidades ser el mejor hábitat del Mediterráneo para la reproducción y cría de casi todas las especies de peces, se han cometido excesos de destrucción para que las dragas marinas extrajeran arena con la que rellenar las playas tras los temporales de invierno.

Sobre estas praderas se han vertido millones de toneladas de plásticos y otros residuos, pensando que la basura que no se ve no causa estragos. Pero cuando se bucea sobre estas praderas, se descubre escondido entre sus tallos los residuos de nuestra sociedad de consumo.

Millones de veces las anclas de los barcos han ido a caer sobre las praderas de Posidonia, arrancando las plantas al levantar  el ancla.

Hasta hace poco tiempo, las playas del litoral Mediterráneo se “limpiaban” de los restos de Posidonia oceánica cuando llegaba el verano. Ahora se está implantando la costumbre de guardar esos restos naturales que arranca el mar en los temporales, para volverlos a depositar en invierno en la playa, porque es el mejor sistema de mantener la arena durante el fuerte oleaje de los inviernos.

Y así un sin fin de barbaridades hasta que hemos conocido que esta simple planta no tiene nada de simple, y sí mucho de complejo. Ese mecanismo de reproducción que la permite sobrevivir miles y miles de años abre una puerta hacia la idea de la eternidad. ¿Quién sabe a dónde puede llevarnos?

Celebremos el hallazgo de nuestros científicos y hagamos legar el mensaje a los administradores, ahora que quieren modificar las leyes que afectan al litoral y por extensión a la Posidonia.

Gustavo Catalán Deus

Periodista ambiental

Premio Nacional de Medio Ambiente




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Un equipo de periodistas especializados en periodismo e información ambiental de la Agencia EFE www.efeverde.com y www.efefuturo.com