Los hilillos que traen cola, por Gustavo Catalán Deus

Portada de la exposición de fotoperiodismo organizada por EFE-Galicia en el CETMAR de Vigo en 2007, con ocasión del quinto aniversario del hundimiento del petrolero Prestige

Autor: Gustavo Catalan Deus Hace nueve años, en estos días de noviembre, un petrolero llamado Prestige vertía gran parte de su tóxica carga de fuel frente a las costas gallegas. Lo hacía siguiendo las órdenes que las autoridades españolas iban dando al buque, en una derrota incierta que primero derivó hacia el norte, luego hacia el …

Autor: Gustavo Catalan Deus

Hace nueve años, en estos días de noviembre, un petrolero llamado Prestige vertía gran parte de su tóxica carga de fuel frente a las costas gallegas. Lo hacía siguiendo las órdenes que las autoridades españolas iban dando al buque, en una derrota incierta que primero derivó hacia el norte, luego hacia el suroeste para finalmente hundirse seis días después a 200 millas de las costas gallegas y portuguesas.

Nueve años después, el Juzgado de Instrucción de Corcubión ha anunciado que ya ha terminado de instruir el sumario y que en unos días lo remitirá a la Audiencia de La Coruña para que fije la fecha de la vista oral del juicio.

Pero no va a ser sencillo, 190 tomos con 266.000 páginas forman parte de la mayor causa por delito ambiental jamás instruida en España. No es de extrañar que el pequeño Juzgado de Corcubión haya tardado tanto, como tampoco sería extraño que al final, y como ha venido ocurriendo en otros casos, la vista oral se siga retrasando hasta límites inciertos, que hagan casi imposible que la Justicia cumpla su papel sobre los responsables de aquella catástrofe ecológica.

Mientras ese momento llega, hemos sido los ciudadanos con nuestros impuestos los que hemos sufragado los gastos de la limpieza de aquel desastre, que el Juzgado ha evaluado nada menos que en 2.233 millones de euros. Cifra que se queda corta porque no tiene en cuenta los efectos a largo plazo que provocó la catástrofe, ni las reclamaciones de 1.200 millones de euros que en concepto de indemnizaciones reclaman los damnificados a lo largo de todo el litoral gallego y cantábrico de España y de una veintena de municipios franceses.

Cuando se quiera hacer justicia y reparar los daños, probablemente muchas de las personas que reclaman habrán muerto. Incluso alguno de los cuatro procesados, entre los que están el capitán del Prestige, Apostolos Mangouras, de 76 años, para quien se piden 12 años de prisión que en caso de condena no podrá cumplir.

El otro procesado de importancia es el que desempeñaba entonces el cargo de director general de la Marina Mercante, José Luis López Sors, quien está imputado por “indicios de criminalidad”. Este alto funcionario del Gobierno de Aznar fue el que se ocupó de hacer cumplir las órdenes del Gobierno para que el Prestige fuese enviado “al quinto pino”, con lo que en esa larga agonía de seis días causó aún más graves daños. El caso de López Sors es el más llamativo de los procesados, porque pasó de imputado a no estarlo, para finalmente ser procesado.

El afán por sacarle del sumario no era otro que evitar que en el juicio fuera condenado un cargo del Gobierno español, con lo que las reclamaciones en un juzgado de Nueva York contra la compañía que licenció el barco para la navegación, no hubieran salido adelante.

Todo viene a cuento, porque en estas fechas, el responsable principal de la gestión de aquella catástrofe, el entonces vicepresidente del Gobierno, Mariano Rajoy, está a punto de ganar las elecciones electorales por mayoría absoluta. Si alguna frase ha quedado para la historia sobre aquel episodio, fue esa evaluación de Rajoy sobre lo que vertía el petrolero hundido a más de 3.500 metros de profundidad era una cantidad ridícula, como si fueran “unos hilillos de plastilina”. Luego se supo que aquellas cañerías por las que ascendía el chapapote desde el fondo del mar eran tuberías de 30 centímetros de diámetro.

Sabemos que Rajoy quiere reducir el déficit en cuanto llegue al Gobierno. Quiere dejarlo en el 4,4%, lo que significa muchos miles de millones de euros. Pero lo que no sabemos es de dónde saldrán estos chorros de millones –que no hilillos- de euros. La solución al problema la tendremos en unos días. Descubriremos cuantos agujerillos del cinturón nos tocará apretarlo.

Gustavo Catalán Deus

Periodista ambiental / Premio Nacional de Medio Ambiente




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