La crisis tumba Kioto, por Gustavo Catalán Deus

Autor: Gustavo Catalán Deus Cuando comenzó la crisis económica global allá por 2008, los más optimistas alzaron sus voces afirmando que se trataba de una oportunidad para avanzar en un cambio del modelo energético mundial y que el camino se encontraba en el Protocolo de Kioto. Pero casi cuatro años después, vemos que no sólo no ha …

Autor: Gustavo Catalán Deus

Cuando comenzó la crisis económica global allá por 2008, los más optimistas alzaron sus voces afirmando que se trataba de una oportunidad para avanzar en un cambio del modelo energético mundial y que el camino se encontraba en el Protocolo de Kioto.

Pero casi cuatro años después, vemos que no sólo no ha sido así, sino que la crisis ha sido el argumento número uno para ir retrocediendo en los objetivos de la lucha contra el cambio climático.

El último ejemplo tenía lugar este viernes. Mientras se cerraba la Cumbre de Durban en el vacío más absoluto, los líderes de la UE que en otras oportunidades estaban precisamente en la Cumbre del Clima tratando de cerrar acuerdos climáticos, estaban encerrados en Bruselas en una especie de Torre de Babel tratando de ponerse de acuerdo de cómo salvar al euro e incluso a la propia UE. En sus agendas, el calentamiento global había sido tachado y en su cabeza sólo se tenían en cuenta la crisis de la deuda, la Europa de dos velocidades y los rescates financieros.

Este ejemplo sirve para valorar lo que ha ocurrido desde 2008 para acá. El argumento principal de EEUU para no ratificar Kioto y remolonear en todas las negociaciones no ha sido otro que el económico. Aún sigue siéndolo.

También se basan en los supuestos daños a la economía doméstica los argumentos de los países emergentes, con China a la cabeza, para no tomar medidas ni compromisos de cara a reducir sus emisiones. “Si los grandes contaminadores del planeta no avanzaban en la reducción del daño causado no tenemos por qué poner en peligro nuestro crecimiento”, se justifican. Sólo han puesto en marcha medidas voluntarias, muy loables, pero insuficientes para llegar al imprescindible acuerdo global de contención de emisiones, que no nos lleve hacia el escenario de no retorno.

Es decir, un planeta cada vez más caliente, impredecible, donde si siguen así las cosas los peores escenarios diseñados por los científicos pueden ser una realidad dentro de dos o tres generaciones: tres, cuatro, cinco y hasta seis grados más de temperatura media, que harían inviable la agricultura en amplias áreas de la Tierra y que condenarían a la hambruna para siempre a las regiones que son precisamente ya hoy las más pobres.

Atrás quedan los años de avance en las  negociaciones climáticas, cuando la diplomacia global caminaba hacia el gran acuerdo vinculante que evitase que las temperaturas no subieran más allá de dos grados centígrados. Todo eso se fracturó en la Conferencia de las Partes (COP-15) de Copenhague, cuando el mundo se hizo bipolar y EEUU y China hicieron saltar por los aires el acuerdo al que estaban comprometidos.

Dos años después en Durban ya no queda nada de aquello. Ni tan siquiera si el Protocolo de Kioto seguirá existiendo a partir de 2013, porque ahora se quiere retrasar a 2015 e incluso a 2020, lo que es lo mismo que no acordar nada. Esa fisura en el tiempo entre un plazo de cumplimiento y otro hará que todo se quede en el olvido y que de ser un asunto de primera magnitud, quede postergado a un rincón de la agenda global.

Y si las perspectivas ya son malas en este último día de Durban, son aún peores para la COP-18 que se llevará a cabo en Catar, un país petrolero por excelencia, rico donde los haya, nada interesado en poner coto a la quema de petróleo y que reivindica que si algún día se ponen límites a la emisiones ellos tienen derecho a ser compensados por la pérdida de mercados para su crudo. Catar defiende la egoísta posición de los demás países petroleros del Golfo que nadan en petrodólares.

Con la crisis financiera-económica y social galopando desbocada, mucho me temo que la Convención Marco de Naciones Unidas contra el Cambio Climático va a entrar en punto muerto. Va a ser una dura travesía del desierto, mientras que las emisiones de gases de efecto invernadero se disparan sin ningún acuerdo que las controle. El escenario no puede ser peor. Y lo que es aún más crítico: la crisis climática se añadirá a las tres anteriores, retroalimentando los problemas y haciéndolos aún más ingobernables. Llegan tiempos realmente inquietantes.

Gustavo Catalán Deus

Periodista ambiental y Premio Nacinal de Medio ambiente




Secciones:   
Un equipo de periodistas especializados en periodismo e información ambiental de la Agencia EFE www.efeverde.com y www.efefuturo.com