CONSERVACIÓN POSIDONIA

El turismo náutico pone en jaque la “joya” de los ecosistemas costeros

El turismo náutico pone en jaque la Foto archivo de 2016 Cala Es Vedra.- EFE/Foto cedida por organización ecologista GEN-GOB de Ibiza

La mejor infraestructura para proteger la costa del Mediterráneo frente el cambio climático se "construye" de manera natural bajo sus aguas desde hace miles de años y no requiere inversión, sino un esfuerzo decidido de conservación que salve la posidonia oceánica de las presiones del creciente turismo náutico.

Las praderas de esta planta marina denominada posidonia oceánica son el ecosistema marino más importante del Mediterráneo, una especie de bosque sumergido, endémico de este mar, que realiza importantes funciones: crea un tapiz sobre el fondo que fija la arena del suelo, absorbe CO2 y cobija a una gran cantidad de especies, muchas de ellas de interés pesquero.

Refugio de biodiversidad

Según los científicos, este hábitat sumergido refugia, alimenta y alberga la reproducción de más de 400 especies de plantas y 1.000 de animales.

“Las praderas trabajan para proteger las playas de los temporales porque, fijan la arena en el fondo y atenuan el oleaje, al tiempo que las montañas de hojas secas que se acumulan en la orilla protegen las playas de la fuerza de las olas y contribuyen al aporte de materia orgánica y nutrientes a los ecosistemas terrestre adyacentes como las dunas”, explica Guillem Roca, investigador de cambio global en el IMEDA-CSIC.

El crecimiento de esta planta marina es clonal (se extiende horizontalmente a partir de una planta madre) y muy lento (apenas un centímetro al año), lo que da lugar a que la restauración sea muy poco viable y a que todo el peso de su conservación recaiga en evitar la degradación de las praderas existentes, sostiene Roca.

En un contexto en el que el Gobierno acaba de autorizar 27,6 millones para reparar los últimos daños de los temporales en litoral mediterráneo, parece que sale a cuenta proteger la posidonia, explica Xisco Sobrado, biólogo del Grupo de Estudios de la Naturaleza del Grupo de Ornitología Balear (GEN-GOB).

Foto archivo de 2016 Cala Es Vedra.- EFE/Foto cedida por organización ecologista GEN-GOB de Ibiza

Foto archivo de 2016 Cala Es Vedra.- EFE/Foto cedida por organización ecologista GEN-GOB de Ibiza

 

El arrecife más antiguo

La isla balear de Formentera alberga el arrecife de esta planta más antiguo conocido, con un clon de 100.000 años de edad -según un estudio publicado en Plos One– que ha llevado a considerar esta especie como “la más longeva de la biosfera”.

A pesar de que los arrecifes de posidonia existentes entre Formentera e Ibiza son Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, el GEN-GOB, que hace un exhaustivo seguimiento de las praderas, ha documentado un retroceso anual de la extensión de las mismas de entre tres y cinco hectáreas.

Los bosques submarinos de estas dos islas se degradan por los mismos motivos que los del resto del mediterráneo: la construcción de infraestructuras (la posidonia está muy cerca de la costa); o por el mal saneamiento de las aguas y su vertido, que enturbia el mar y bloquea la llegada de luz al fondo en perjuicio de esta planta.

A las amenazas sobre la posidonia -considerada por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) en estado de “alta preocupación”- en las Pitiusias se suman las 60.000 embarcaciones de recreo que cada verano amarran sobre las frágiles praderas de Baleares.

Seguimiento en las calas Ibiza y Formentera:

Los técnicos del GEN-GOB han documentado las zonas de fondeo de ocho calas de Ibiza y Formentera durante los veranos de 2014 y 2016, usando fotografías panorámicas, geoposicionamiento de embarcaciones mediante GPS y muestreos submarinos.

Los datos obtenidos indican que, de media, casi el 80 % de las embarcaciones que fondearon en esas calas el pasado verano lo hicieron sobre praderas, vertiendo sobre las mismas y arrasando parte de ellas con sus anclas y el borneo de la cadena.

Cuanto más grande es el barco mayor su ancla y su impacto, incide Sobrado, quien subraya que la afluencia de barcos a las Pitiusas “va significativamente a más” cada año.

En los dos años existentes entre un seguimiento y otro, los ecologistas han advertido la degradación y el retroceso de las praderas, con notables calvas en las mismas.

“Reconocer el problema, y regular y vigilar el fondeo incontrolado debe ser parte de la agenda política”, reclama Jorge Sáez, portavoz de la Sociedad para el Desarrollo de las Comunidades Costeras, que exige un estudio que determine con criterios ecológicos la capacidad de albergue de cada zona de fondeo.

Sáez y Sobrado proponen que los barcos de recreo solo puedan hundir sus anclas en zonas de arena, y que en aquellas calas en las que no la haya se instalen ecofondeaderos (boyas para amarrar los barcos, que mantienen la cadena en vertical en lugar de que dé giros por el fondo) como los que ya existen en el Parque Nacional de Cabrera.

Solicitan también la retirada de embarcaciones hundidas y estructuras de fondeo abandonadas en las praderas, y recuerdan que en las Pitiusas hay ocho espacios de la Red Natura que deben tener planes de gestión en 2019, que incluyan la regulación del fondeo sobre “la joya de los ecosistemas costeros mediterráneos: la posidonia”.EFEverde




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Periodista ambiental en EFE, investigadora de la comunicación del cambio climático en la Universidad de Oxford y recién graduada como Knight Science Journalism fellow, lo que me ha permitido pasar un año en MIT y Harvard con la comunidad científica más vibrante del planeta.

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