Esta asociación insiste en la necesidad de una buena hidratación porque, al igual que los seres humanos, los perros son vulnerables a los golpes de calor y en verano necesitan tomar una mayor cantidad de agua de lo habitual.
Síntomas de que están sufriendo este problema son jadeo, mirada en blanco o ansiosa, falta de respuesta a las órdenes, temperatura alta, piel seca y caliente, taquicardia, deshidratación y desmayos.
Por ello, la RSCE recomienda que la mascota «siempre» tenga a mano un cuenco con agua fresca y limpia y, si se sale a pasear con ella, llevar una botella sólo para su consumo con objeto de que pueda «reponer líquidos» sin problema fuera de casa, además de evitar el ejercicio excesivo o la escasa ventilación.
También sugiere adaptar el horario de los paseos a las horas del día con temperaturas más suaves como la última de la tarde y por la noche, evitando las horas centrales -entre 11:00 y 16:00- y las zonas de asfalto para prevenir quemaduras en las patas.
En el caso de desplazamientos a zona de playa o montaña, con largas estancias al sol, esta asociación advierte de que es preciso proporcionar al animal su propio sitio alejado de los rayos solares así como baños con agua dulce o riegos con manguera.
Las recomendaciones incluyen la de no dejar nunca al perro dentro de un coche estacionado, ni siquiera aunque esté a la sombra y con la ventanilla entreabierta durante un breve espacio de tiempo pues las altas temperaturas le pueden afectar «con mucha rapidez».




