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¿Otro clavo en el ataúd de la COP de Varsovia? Por Miren Gutiérrez

Por Miren Gutiérrez* para EFEverde.- Las negociaciones de Naciones Unidas sobre clima en Varsovia comenzaban esta semana rodeadas de malas noticias. Malas noticias en cuanto a subida de las emisiones de gases de efecto invernadero, el futuro de los más vulnerables y las bajas expectativas. La peor noticia sin embargo venía de Filipinas. El tifón Yolanda asolaba el país asiático al mismo tiempo en que se abrían las puertas de la cumbre.

Las malas noticias, a pesar de que parezca una contradicción, representaban un rayo de esperanza.

Las pérdidas en vidas y en infraestructuras provocadas por este tifón, uno de los más destructivos de la historia, serán enormes, con al menos 4,000 muertos. En Varsovia, con la imagen de la devastación de trasfondo, el negociador filipino Yeb Sano demandaba en un emotivo discurso medidas extraordinarias para abordar el cambio climático, una reclamación respaldada ampliamente por la ciencia, pero que no termina de entrar en las molleras de los políticos. Acto seguido, Yeb Sano se declaraba en huelga de hambre.

Algunos pensaron que Yolanda imprimía una nueva sensación de urgencia, que había llegado un punto de inflexión.

Hace solo unas semanas, el Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (conocido por sus siglas en inglés IPCC) confirmaba que para evitar una subida de temperaturas de dos grados centígrados el mundo tendía que ceñirse estrictamente a no superar un techo de mil billones de toneladas de carbono. Ya hemos emitido 520 billones de toneladas, y al ritmo que vamos superaremos el límite para 2030.

En junio supimos que las emisiones globales de CO2 –dióxido de carbono, el principal causante del efecto invernadero— habían aumentado el 1,4% en 2012 para llegar a los 31,6 billones de toneladas, según un informe de la Agencia Internacional de la Energía.

Banco Mundial, organismo de Naciones Unidas que otorga asistencia financiera a países en desarrollo, hizo público durante la cumbre un estudio que indica que Las pérdidas relacionadas con el clima han aumentado desde los 50 billones de dólares anuales en la década de los 80, hasta cerca de 200 billones de dólares durante la última década.

Y el Overseas Development Institute publicaba una batería de informes en los que se revelaba que cientos de millones de personas serán extremadamente pobres y vivirán en zonas del mundo proclives a sufrir desastres ´naturales´, eliminando cualquier posibilidad de salir de la pobreza. Que mientras las emisiones de gases efecto invernadero suben inexorablemente, las naciones desarrolladas –entre ellas España— gastan en subsidiar combustibles fósiles una media de cien dólares por persona y año (una media de 500 billones de dólares anuales) en detrimento del apoyo a energías renovables. Y que el dinero que los países desarrollados han comprometido a transferir a los países en desarrollo para lidiar con el cambio climático ha caído en un 71% en 2013, en comparación con 2012. En otro informe, ODI indica que lo comprometido, en todo caso, es insuficiente para ayudar a los países en desarrollo a adaptarse al cambio climático.

Es decir, mientras los países ricos por un lado tratan de ayudar a los países en desarrollo a lidiar con el cambio climático y se reúnen para pactar nuevos objetivos de desarrollo para los pobres, gastan mucho más en subsidiar a uno de los sectores que más contribuye al cambio climático: el de los combustibles fósiles.

Con semejante aluvión de malas noticias, contradicciones y compromisos naufragados, con el sonrojo que provocó la intervención del negociador filipino Yeb Sano, sería lógico pensar que las negociaciones sobre el clima estaban condenadas a llegar a algún tipo de acuerdo esta semana. Nada más lejos de lo que está pasando en Varsovia.

Las naciones desarrolladas y en vías de desarrollo llegaron a un rincón sin salida el miércoles, a casi semana y media de conversaciones. El punto espinoso: la pasta. Un clavo más en el ataúd de la COP de Varsovia.

Al tocar el asunto de las compensaciones por los impactos del cambio climático, las delegaciones de los países en desarrollo se levantaron y se fueron. No había ambiente para discutir las compensaciones por las pérdidas generadas por fenómenos como la subida del nivel del mar o la desertificación.

El otro clavo son las emisiones, y quién debe liderar la mitigación del cambio climático.

Quién ha contribuido más a emitir gases de efecto invernadero es un punto importante para las naciones en desarrollo. Eso significa para ellos compensaciones por los daños sufridos hasta ahora por un cambio climático que han ayudado menos a generar y también liderazgo por parte de los países desarrollados en mitigar el cambio climático, es decir recortar sus emisiones.

Brasil propuso una fórmula para calcular esa deuda histórica para repartir responsabilidades. Pero las naciones desarrolladas bloquearon la iniciativa argumentando que había que mirar las emisiones actuales (China superó a Estados Unidos como el mayor emisor y las naciones en desarrollo en conjunto emiten más actualmente) y futuras.

Estados Unidos querría eliminar la división entre naciones en desarrollo y en vías de desarrollo, arguyendo que, si seguimos así, para 2020 las emisiones totales de los países en desarrollo superarán las de los países llamados desarrollados. Las naciones en desarrollo, por su lado, quieren crecer y consideran que limitar su capacidad de emitir puede comprometer su futuro.

Así que encontrar un compromiso equitativo para distribuir el peso de los recortes en emisiones es el otro escollo. El objetivo es mantener la subida de temperaturas en menos de 2C sobre la época preindustrial. Superar este límite, a donde parece que nos abocamos, será suicida para muchas regiones del mundo.

Con una subida actual de 0.8oC entre 1901 y 2010, ya estamos sufriendo fenómenos climáticos más frecuentes e intensos. Yolanda es un recordatorio. Nadie quiere ir a más. Y hay consenso en que eso no debe pasar. Pero hay un gran abismo entre las declaraciones y los compromisos reales.

¿Qué significan esos compromisos en términos prácticos? Nada fácil. Entre otras medidas:

· El cierre de las minas de carbón, el combustible fósil más nocivo.
· El cese de la exploración petrolífera.
· Un ejercicio masivo de eficiencia e inteligencia energética.
· Una transición de combustibles fósiles a energías renovables.
· Compensaciones significativas a los países pobres para que dejen sus recursos fósiles y forestales en donde están.
· Apoyo suficiente para que los países en desarrollo, y sobre todo los pobres, se adapten a los efectos del cambio climático.

A poco del cierre, otro informe devastador machacaba las negociaciones: el actual nivel de compromisos nos va a llevar a una subida de temperaturas de 3,7C.

Con apenas dos días para el final de la cumbre en la que se debería haber llegado a un nuevo acuerdo (que se concluirá en 2015 y se implementará a partir de 2020), ¿qué más tiene que pasar para que las negociaciones lleguen a algún lugar?

*Miren Gutiérrez es Directora de Comunicación del Programa para el Clima y el Medioambiente del Overseas Development Institute en Londres, Gran Bretaña. 




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Redacción EFEverde
Un equipo de periodistas especializados en periodismo e información ambiental de la Agencia EFE www.efeverde.com y www.efefuturo.com