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Elogio de la palmera

  • La palmera es tan vieja en la Tierra como el ser humano y ha sido modelada por la mano del mismo Dios.

Elogio de la palmera En la imagen un bello palmeral en el oasis de Tafilalet, en Erfud, Marruecos.

EFEVERDE.- Javier Otazu .- Cuentan los bereberes del Tafilalet, uno de los grandes oasis del sur de Marruecos, que Dios cre贸 al hombre a partir del barro, y con el sobrante del barro, hizo una palmera. Es decir, que la palmera es tan vieja en la Tierra como el ser humano y ha sido modelada por la mano del mismo Dios.

En los parajes del Tafilet, bendecidos por el agua y rodeados de un rocoso desierto siempre amenazante, la palmera es el 谩rbol que mejor ha sabido adaptarse a un clima extremo, que supera los 40 grados diurnos en el verano y puede bajar de cero en las noches de invierno.

La palmera es aqu铆 material de construcci贸n, fuente de alimentaci贸n y hasta utensilio de limpieza. Con los troncos se construyen vigas y se completan techos y suelos; sus ramas sirven enteras como escobas, y las hojas, entrelazadas, se usan para fabricar sombreros y cestos.

 Dos mujeres inician la selecci贸n de d谩tiles .Foto: Javier Otazu. Foto: Javier Otazu

Dos mujeres inician la selecci贸n de d谩tiles .Foto: Javier Otazu. Foto: Javier Otazu

Las palmeras dan adem谩s el d谩til, un fruto considerado casi bendito por los bereberes como por los 谩rabes, debido a que es mencionado en el Cor谩n, y que en estas tierras se consume de cualquier modo imaginable: entero, en pasta, en l铆quido y en polvo.

Y si el d谩til no alcanza el m铆nimo exigible de calidad, se le da a los animales, que tambi茅n comen sus huesos, una vez triturados.

EL TURISMO, MOTOR ECON脫MICO EN LA ZONA

Ahmed, un viejo del lugar, cuenta orgulloso que el Tafilalet es uno de los 煤ltimos lugares donde las gentes saben todav铆a “fecundar a las palmeras”, es decir, injertar ramas de palmeras macho dentro de las hembras, luego coserlas y lograr as铆 un “fruto mejorado”.

Cada a帽o, en octubre, los pueblos y alcazabas que se suceden a lo largo del valle del Tafilalet, el 煤nico f茅rtil de la zona, viven la apoteosis del d谩til: es el mes en que los racimos apretados de este fruto cambian de color, volvi茅ndose oscuros, y los j贸venes del lugar se encargan de descargar a machetazos a las palmeras de sus racimos.

Una vez los d谩tiles en el suelo, las mujeres del lugar se encargan de clasificarlos: se apartan los da帽ados para forraje y se separan los maduros, listos para comer, de los que a煤n est谩n verdes, que deber谩n secarse al sol durante d铆as o semanas, hasta alcanzar el grado de maduraci贸n.

Pero las palmeras han tenido y tienen otra virtud que est谩 suponiendo un cambio vertiginoso en las costumbres: crean paisajes espectaculares, que atraen a turistas de todo el mundo hambrientos de exotismo y que han dado un vuelco a la econom铆a de la zona.

En el Tafilalet, como en el valle del Draa, el turismo es ahora motor econ贸mico de la regi贸n: hay probablemente m谩s todoterrenos por habitante que asnos, el humilde animal que ha servido de bestia de carga, obrero agr铆cola y medio de transporte durante siglos.

En estas regiones predes茅rticas de Marruecos, el turista llegado de Europa o Jap贸n viene en busca de dunas y oasis donde relajarse de un viaje por Marruecos asediado por los vendedores de los zocos y los falsos gu铆as.

A un lado y otro de la 煤nica carretera que atraviesa el Tafilalet de norte a sur, se suceden los hoteles con sus flotas de todoterrenos que cada ma帽ana trasladan a los viajeros a su periplo por las alcazabas, las dunas y los yacimientos de f贸siles, muy abundantes en esta regi贸n.

En la imagen algunos de los productos que los lugare帽os fabrican con hojas de palmera.Foto: Javier Otazu

En la imagen algunos de los productos que los lugare帽os fabrican con hojas de palmera.Foto: Javier Otazu

 

Los turistas hacen un alto con sus tel茅fonos inteligentes y sus c谩maras de fotos para retratar a las bereberes seleccionando sus d谩tiles o a los hombres trabajando la huerta, pero su intrusi贸n no siempre es bienvenida, aunque todos sepan que su presencia es hoy vital para la regi贸n.

驴C贸mo si no habr铆a podido Abdelhaq, de 60 a帽os, sacar adelante a diez hijos y darles estudios? Desde luego no cultivando la tierra -se r铆e- sino a bordo de un todoterreno trasladando a turistas y aprendiendo idiomas a su modo. EFEverde

 




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