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MISIÓN SMOS

El satélite SMOS mide la humedad de la tierra y la salinidad del mar

  • Calcular la salinidad oceánica y la humedad terrestre son importantes para comprender mejor la circulación de los océanos y el ciclo del agua o profundizar en la prevención de huracanes o incendios

El satélite SMOS mide la humedad de la tierra y la salinidad del mar Gotas de rocío cuelgan de una tela de araña. EFE/Michael

EFEverde.- La misión SMOS de la Agencia Espacial Europea (ESA), calificada como la "misión del agua",  ha logrado ya dos de sus principales objetivos: realizar mediciones globales de la salinidad de los océanos y de la humedad de la tierra cada tres días.

Esta es una de las principales conclusiones de la segunda conferencia de ciencia de SMOS, un satélite de tres brazos y 72 antenas cuyo instrumento principal fue desarrollado por España.

SMOS fue lanzado en noviembre de 2009 y desde entonces ha enviado a las antenas de la ESA en Villanueva de la Cañada y Kiruna (Suecia) datos para calcular la salinidad oceánica y humedad terrestre, importantes para comprender mejor la circulación de los océanos y el ciclo del agua o profundizar en la prevención de huracanes o incendios.

La salinidad, que tiene la particularidad de que solo se modifica por intercambio con la atmósfera, es una de la dos variables que definen la densidad del agua de mar, la otra es la temperatura.

Los satélites miden ésta última desde hace décadas, sin embargo hasta ahora no se había conseguido en la salinidad, ha explicado a Efe Jordi Font, investigador co-líder de SMOS, del Instituto de Ciencias del Mar, del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC).

Cómo afecta al cambio climático

Las diferencias de densidad son las que mantienen las grandes corrientes oceánicas, según Font, para quien conocer la circulación de los océanos y el ciclo del agua -evaporación, nubes, precipitaciones, humedad, etc- permite a los científicos entender mejor cómo está afectando y afectará el cambio climático, y sirve por tanto para mejorar los modelos climáticos y meteorológicos.

Ojo del huracán Isabel, de septiembre de 2003, tomada desde un satélite.

Ojo del huracán Isabel, de septiembre de 2003, tomada desde un satélite. EFE/NASA

Por ejemplo, SMOS ha arrojado luz sobre la evolución de la serpenteante corriente del Golfo, uno de los sistemas de corrientes más estudiados, que se origina en el Caribe y fluye hacia el Atlántico Norte.

Se sabe que juega un importante papel en la transferencia del calor y sal, con especial influencia en el clima del norte de Europa.

Además, SMOS está siendo capaz de localizar mejor que otro satélite el núcleo de un huracán, porque trabaja en una frecuencia que no se ve tan afectada por la lluvia, ha indicado Font.

También, SMOS ha constatado que la salinidad de la superficie oceánica se ve afectada por el paso de un huracán: el Igor de 2010 provocó que el agua de la desembocadura del Amazonas aumentase su grado de salinidad al mezclarse con aguas más profundas y saladas.

Los datos de este satélite, según Font, se complementan con los que ofrecen las 3.000 boyas con sensores lanzadas al mar dentro del proyecto Argo (más precisas a la hora de medir la salinidad que el satélite pero con menos capacidad para obtener datos globales).

En cuanto a datos de salinidad “no creo que encontremos sorpresas”, pero lo importante ha sido demostrar que este componente se puede medir desde el espacio, de manera continuada y con una resolución mayor que cualquiera de las boyas, ha confirmado Font.

Agua en la vegetación, el  hielo ártico o los tifones

Otra de las cosas que mide SMOS es la cantidad de agua almacenada en la vegetación, lo que sirve por ejemplo para evaluar la producción agrícola o valorar el riesgo de incendios.

El objetivo en un futuro, predecir en zonas forestales los incendios y su dimensión.

Para Manuel Martín Neira, de la ESA y que fue el ingeniero principal de instrumento de SMOS, el satélite ha cumplido los dos principales objetivos para los que fue diseñado: medir salinidad y humedad.

Sin embargo, ha continuado, también se ha demostrado útil para medir el hielo ártico -hasta medio metro de espesor- o la velocidad de vientos huracanados o tifones (de 300 kilómetros por hora).

SMOS fue programado inicialmente para tres años, pero su “buena salud” permitirá que al menos esté activo hasta 2017 (lo aprobado).

La comunidad científica, según distintas fuentes, está muy interesada en que continúe todavía más, pues por ejemplo desde el punto de vista climático los datos son más útiles a largo plazo.

En cuanto a la participación española, Jorge Lomba, del Centro para el Desarrollo Tecnológico e Industrial, ha afirmado que en SMOS España asumió por primera vez el papel de principal contratista de un instrumento de observación de la Tierra.

Después de esto ha habido más misiones lideradas por España y ahora “es bastante normal que lidere misiones internacionales”. EFEverde




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