Mecánica terrestre. Cultura, medio ambiente y algo más
COMPROMETIDOS CON EL PLANETA
Silencio
Escribió Voltaire que quien no se contradice al menos tres veces al día es idiota. Como mis contradicciones son incontables, sin llegar a ser inteligente al menos sé que estoy vacunado contra la estulticia y el fanatismo. Cuento esto porque me había prometido a mí mismo que para no alimentar la burbuja informativa nunca escribiría un blog. Más que un detector de buenos artículos de opinión –como sugería hace poco Millás en su columna semanal de El País-, creo que necesitaríamos unos tapones contra el ruido mediático. Sin embargo, aquí estoy, aportando decibelios. En parte, la “culpa” la tiene Arturo Larena, director de EFE Verde, una de las personas de las que aprendí el oficio de periodista hace muchos años y que ahora me ha embarcado en esta aventura.
Como aviso a navegantes diré que lo mejor del blog va a ser el título. Mecánica terrestre (Tusquets, 2002) es un maravilloso poemario de Álvaro Valverde, en el que el autor extremeño rinde homenaje a otro enorme poeta, Gabriel Ferrater. La poesía siempre reflexiva, hermosa y austera de Valverde nos habla en Mecánica terrestre de paraísos que creemos perdidos. Y como en casi toda la obra poética del autor extremeño, la naturaleza y el paisaje tienen un lugar preeminente, de imagen especular, de reconocimiento de uno mismo.
Poesía. ¿Pero esto no era un blog de medio ambiente? Creo que esta pregunta sólo la puede contestar otro poeta. “¿Qué nos recuerda la poesía? Que lo que esencial de la vida, lo que realmente importa, es algo que está más allá de la estadística y la máquina, de la prisa y las ocupaciones, del ruido y el progreso: algo que tiene que ver con la respiración, el vínculo y el silencio. Y que ese algo difícil de cerner está siempre ahí”. Lo dice Jorge Riechmann en su último libro, Entre la cantera y el jardín (La oveja roja, 2010), una magnífica puerta de entrada al pensamiento de este poeta y filósofo madrileño.
Y para volver al silencio, os dejo con dos poemas.
UNA VISIÓN
Párate aquí, contempla
los paisajes que han ido conformando
el rostro que ahora tienes.
Tus ojos que reflejan la mirada
de ese valle perdido donde el tiempo
se ha ido remansando hasta el punto
que incluso a veces dudas de que pase.
Tus oídos que guardan el susurro
de las ramas mecidas por el viento
y del bronco rodar de las gargantas
cuando bajan crecidas en invierno.
Proyecta tu nariz el dulce olfato
de las secas higueras de septiembre
y el áspero perfume del estiércol
de las bestias que pastan en los prados.
Tu boca es el sabor (sin sabor, dicen)
del agua herrumbrosa de las fuentes
y de moras silvestres y cerezas
maduras a la luz de los veranos.
Las arrugas que cruzan por su cara
son las líneas del mapa de tu vida.
Señalan los caminos que has seguido
por todas las esquinas de la tierra.
Son las marcas dejadas por los años
que pasaste escondido en este sitio.
Los unos y las otras se han cruzado
exactamente aquí.
Para, contempla:
este espejo revela al fin su máscara.
ÁLVARO VALVERDE
(Desde fuera, Tusquets, 2008)
ANIMAL SIN AMO
Tengo
diez pieles córneas
treinta capas de grasa
un corazón de espejo
y una cola que se desprende
dejando a mi predador con tres palmos de narices.
Puedo
recogerme en una bola
que mengua a ojos vista
para afirmar mi dolorosa intimidad.
Creo
a pie juntillas
en la irrestricta soberanía del espíritu.
Lamo
con gratitud
la mano que me degüella.
Soy
un animal futuro
de una especie ya extinguida.
JORGE RIECHMANN
(Con los ojos abiertos, Baile del Sol, 2007)







