Ante la casi nula atención del resto de partidos al medio ambiente, Equo ha logrado convertir en un significativo número de votos la convicción de muchas personas de que el cambio climático, el empleo verde o la equidad social han de estar entre los principales puntos de la agenda política.
Aunque el ex director de Greenpeace no estará en la Cámara Baja, Equo ha supuesto el inicio de la consolidación de una formación política verde en España tras tres décadas de intentos fallidos, y en la senda del Partido Verde Europeo, que es la cuarta fuerza política en la Eurocámara.
El 'germen' de Equo surgió a finales de 2009 fruto de la preocupación de personas de los movimientos ecologistas y sociales que, ante la desatención del Gobierno socialista y del resto de partidos hacia los problemas ambientales, deciden plantearse el salto a la arena política.
En esos ambientes, no había sentado nada bien el relevo de Cristina Narbona al frente del Ministerio de Medio Ambiente; y menos aún que esa cartera se quedara, en la práctica, en una especie de 'secretaría' dentro Agricultura, a pesar de su largo nuevo nombre: Medio Ambiente y Medio Rural y Marino; y del incansable trabajo de la secretaria de Estado, Teresa Ribera.
El 'número tres' del partido verde, el ex director de SEO/BirdLife, Alejandro Sánchez llegó a reconocer que Equo no hubiera tenido sentido si Narbona, 'la ministra ecologista', hubiera seguido al frente del Ministerio de Medio Ambiente.
Aunque Sánchez aseguró que no se lo habían pedido directamente, las puertas de Equo estuvieron abiertas para la ex ministra en las primeras declaraciones públicas de sus líderes. Finalmente, no ha sido ella, sino la ex portavoz de Izquierda Unida en la Asamblea de Madrid, Inés Sabanés, el 'peso pesado político' del nuevo partido verde.
Una carrera de obstáculos
Equo arrancó como plataforma a finales de septiembre de 2010, con escasos recursos económicos pero grandes dosis de ilusión e idealismo. Por aquel entonces no planeaba todavía la sombra de una segunda y aún más dolorosa etapa de la crisis económica, y las elecciones generales no se vislumbraban hasta 2012.
Javier Celda, responsable de logos tan conocidos como el del sindicato Comisiones Obreras, regaló a la organización una identidad con forma de círculo, en representación del planeta, y un signo de igualdad, en alusión al concepto de equidad, las dos palabras claves que definen el ideario de Equo.
Su carrera electoral ha estado plagada de obstáculos -recogida de 80.000 avales, escasos medios...-, y a pesar de que sus votos no se han traducido en escaños, Equo atesora grandes logros. Entre ellos, haber conseguido la mayor confluencia conocida de movimientos políticos verdes -históricamente mal avenidos en España- y haber despertado la ilusión de muchos jóvenes, a quienes el medio ambiente interesa más de lo que creen muchos políticos.
Equo no ha tenido el escaparate mediático de otros partidos pero ha sabido exprimir del enorme potencial de los nuevos canales de información, especialmente de las redes sociales, y del periodismo ciudadano. Por ellos ha propagado sus originales y frescas consignas ('Reinicia', 'Suma y sigue', 'Equo va'), especialmente en quienes más los utilizan: los jóvenes, entre los que ha hecho hordas de voluntarios en todo el país.
Entre sus propuestas figuraba: un modelo energético 100% renovable en 2030, una ley de cambio climático, cierre de las nucleares para 2020, una gestión más eficiente de los residuos, empleo y fiscalidad verdes, transparencia, austeridad en el uso de los recursos...
Los ecologistas Alejandro Sánchez y López de Uralde ya han anunciado que seguirán defendiendo su opción ambientalista, quizá teniendo en mente la letra de ese "Amante bandido" que han hecho sonar en sus festivos mítines: "Yo seré el viento que va, navegaré por tú oscuridad...".EFE
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