Verde y en botella

BIODIVERSIDAD Y AGUA

Orquídeas

18 marzo 2010 13:47:00 Orquideario Soroa
Autor: Caty Arévalo

A medio camino entre La Habana y Pinar del Río, una carretera zigzagueante conduce a uno de los lugares más hermosos e idílicos que he visto en mi vida, el Orquideario de Soroa.

Hace unas semanas recalé en este pequeño gran paraíso, al que casi no hacen referencia las guías de viajes, por la necesidad de hacer un alto en el camino en un viaje por Cuba. Y una carreterita, o más bien un carril que avanza entre la exhuberante vegetación tropical, me llevó hasta este vergel plagado de ceibas, sauces, ríos y saltos de agua llamado Soroa, en referencia al apellido de los propietarios de un antiguo cafetal que hubo en la zona.

La joya de la corona de Soroa es su bellísimo Orquideario, un extenso jardín de senderos empedrados en cuyas colinas lucen majestuosas unos cuantos miles de ejemplares de 700 especies diferentes de la dama de las flores. Algunas posan coquetas en su medio natural adornadas por troncos de árboles u otra vegetación autóctona, como la palma de corcho, y otras se refugian en umbráculos del exceso de luz y aire. Pero las hay de todas las formas, colores y perfumes que uno pueda imaginar y cuando piensas que has visto la más bonita siempre acabas encontrando otra que te sorprende más... Aunque si me viera obligada a elegir una me quedaría seguramente con la orquídea mariposa (encyclia bocourtii), una preciosa flor en tonos verdes y magentas originaria de la península de Guanahacabibes (la punta más occidental de Cuba).

Los trabajadores del Orquideario, que ha resistido los embates de los recientes huracanes, cuentan que las orquídeas de Soroa custodian una bonita historia de amor. La del abogado canario Tomás Felipe Camacho, que en 1943 creó este jardín en honor a su mujer fallecida, quien sentía pasión por este tipo de flores. Tomás Felipe dedicó el resto de sus días a recopilar orquídeas compradas en diferentes sitios de América y de Europa y a mimarlas para que crecieran en el corazón de la Sierra del Rosario, donde se ubica Soroa.

Tras las muerte de Tomás Felipe en los años 60 -dicen los cubanos que "de nostalgia"-, un horticultor japonés se ocupó de mejorar e implementar el Orquiderario, que hoy gestiona el Ministerio el Ciencia cubano, junto con una biblioteca y un pequeño laboratorio donde se reproducen por procedimientos in vitro especies en extinción o poco conocidas para su posterior reintroducción en la naturaleza.

Os recomiendo que si viajáis a Cuba os dejéis envolver por las fragancias y colores de este precioso lugar y para que vayáis abriendo boca, os dejo imágenes de algunas de sus damas.

Pd/. Envío esta orquídea virtual a mi amigo, el escritor Ahmel Echevarría por animarme a escribir este blog, y a mi también amigo y compañero Juan Carlos Fraile por regalarme su título.

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