Verde y en botella

ECODOMUS

Los "Grimaldi" del medio ambiente, por Caty Arévalo

22 julio 2010 15:56:00 alberto de mónaco
Autor: Caty Arévalo

Por extraña que parezca, mi teoría de que la prensa rosa y la verde son primas hermanas va cobrando cada vez más fuerza.
Terminé de convencerme de ello hace unos días durante la cobertura de un congreso sobre áreas marinas protegidas organizado, nada más y nada menos, que por uno de los protagonistas habituales del Hola, el príncipe Alberto de Mónaco. Está claro que los miembros de las casa reales europeas están locos por "verdearse", no hay más que ver al príncipe Carlos de Inglaterra promocionando los productos de su huerto ecológico o a la reina Sofía, liberando tortugas bobas o paseándose por Mallorca con un prototipo de coche eléctrico.
Pues lo dicho, que la semana pasada, en ese Benirdom de pijos llamado Mónaco, entre fotos de Alberto y su futura esposa (la nadadora), nos dimos cita decenas periodistas, políticos y científicos para hablar de los retos de conservación que afronta el Mediterráneo.
Y, allí, para aportar un honorable toque de glamour ambiental estaba nada más y nada menos que el benjamín de la familia más rosa del panorama verde: los Cousteau.

PIERRE COUSTEAU BUCEANDO

Los descendientes de mi admirado Jacques Cousteau son a los congresos/encuentros/seminarios ambientales lo que los Grimaldis al Hola: nunca faltan y siempre sale a colación lo mal avenidos que están.
Y es que... menudo culebrón se traen los "Grimaldi del medio ambiente". Para los que no seáis doctos en la materia os lo resumo: Jacques Cousteu tuvo un primer matrimonio y dos hijos, Philippe y Jean-Michel; y más tarde se enamoró de una azafata de Air France (Francine Triplet) con la que tuvo otros dos hijos, Diane y Pierre-Yves, y con la que se casó una vez viudo de su primera mujer.
De la primera familia, Philippe murió en un aparatoso accidente en la desembocadura del Tajo en Portugal y dejó dos hijos, Alexandra y Philippe Jr, con muchas ganas de seguir la estela de su abuelo; y Jean-Michel, el mayor, se peleó con su padre en vida en tanto que pretendía ponerle al -supuestamente eco- resort que montó en las islas Fiji el nombre "Cousteau".
Su padre dijo que de utilizar la marca Cousteau con esos fines nada de nada, llevó a su hijo a los tribunales, le ganó y se curó en salud: Para evitar que los ambiciosos descendientes de su primer matrimonio hicieran un mal uso de la marca que él mismo había creado cedió todos los derechos a su segunda mujer, Francine, que hoy día es la dueña y señora de la Sociedad Cousteau (que administra el legado y el nombre del oceanógrafo francés).
El hijo y los cuatro nietos de la primera familia están a dos manos con proyectos "verdes", ONG ambientales, etc, pero no tienen derecho a usar la marca del padre/abuelo. Francine les ha ido ganando batallas en los tribunales, de modo que sólo ella y, por ende, sus hijos, pueden usarla. Y lo están haciendo, claro. Pierre-Yves, por ejemplo, nos presentó en Mónaco su interesante Programa Buceadores Cousteau.
Y,,, como al final, en la vida siempre tenemos que acabar eligiendo (no se puede ser de Estefanía y Carolina al mismo tiempo, y quien lo sea no es de fiar); ya os habréis dado cuenta de que yo claramente me decanto por la segunda familia Cousteau y, sobre todo, por el hijo pequeño, Pierre-Yves. Mis razones: además de tremendamente guapo, es un chico super sencillo y humilde, vital y apasionado de su trabajo. En definitiva, Pierre-Yves es como siempre me había imaginado a su padre.
Nada que ver con la nietísima Alexandra Cousteau, a la que conocí hace unos años en otro encuentro, y me pareció una barbie superstar más preocupada por no despeinarse que por la cruda realidad de los océanos.
Aunque en cualquier caso, y como sabiamente me dijo Pierre-Yves cuando le pregunté por los líos familiares: "Cuanta más gente haya haciendo cosas en favor del medio ambiente, mejor". Y eso vale por todos los mencionados.

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