Mecánica terrestre. Cultura, medio ambiente y algo más

COMPROMETIDOS CON EL PLANETA

Entrevistas/2. Álvaro Valverde: “¿Hay algo más feo que una refinería?”

07 septiembre 2010 18:54:00 Álvaro Valverde
Autor: Javier Morales Ortiz

Autor de una dilatada y reconocida obra como poeta, de dos novelas y de un libro de viajes y otro de artículos periodísticos, Álvaro Valverde (Plasencia, 1959) tiene ganada la presencia en este blog de cultura y medio ambiente por partida doble: porque en su poesía, reflexiva, siempre hay un lugar para la naturaleza, y también, cómo no, porque Mecánica Terrestre es el título de uno de sus poemarios más bellos.

Como señalaba el escritor Gonzalo Hidalgo en la presentación de Desde Fuera, tu último poemario, el paisaje y la naturaleza siempre han estado presente en tus obras, no como búsqueda de un ideal inmaculado sino como materia de reflexión en torno a la vida y al paso del tiempo y por qué no, también de identificación.

Si uno de mis mejores lectores lo dice… Sí, la naturaleza ha estado siempre presente en mi obra porque lo ha estado en mi vida desde que nací, por casualidad, en esta angosta esquina de la tierra. Es natural en mí porque uno escribe desde la experiencia y no desde la imaginación. Si no hay demasiadas avenidas, taxis y semáforos es sólo porque, aunque aquí existan, no son una parte fundamental de mi existencia. Por lo demás, esa naturaleza es un lugar de tensiones, de reflexión, de símbolos, nunca un espacio bucólico y paradisiaco ajeno a la historia. Del mismo modo, también ha escrito uno poesía urbana, seguramente en una proporción mayor. De los que no podrá calificarse nunca mi poesía es de rural puesto que nunca he vivido en un pueblo ni conozco esa cultura.

"Creo en las rocas y en los mares, pero no en los países", dijo hace poco el poeta Wole Soyinka en una entrevista. ¿Suscribes esa frase?

Sí, me gustó mucho cuando la leí. Siempre he tenido presentes, desde que me encontré con ellas hace casi treinta años, estas lúcidas palabras de Valente, de su ensayo “El lugar del canto”: ”Habría que buscar, para descongestión del lenguaje propio y ajeno, un punto histórico de sustitución de la idea o el sentimiento del lugar por el más abstracto de la patria”. Y sigue: “El lugar es el punto o el centro sobre el que se circunscribe el universo. La patria tiene límites o limita; el lugar, no. Por eso tal vez fuera necesario ser más lugareño y menos patriota para fomentar la universalidad”. Estas palabras, insisto, forman parte de mi creo personal. Como Torga o Luis Mateo Díez, uno va de lo particular a lo universal. Hay demasiado cosmopolita de pueblo.

El paisaje que habita en tus poemas se nutre en buena medida del entorno natural extremeño. En estos años de urbanismo salvaje en España, que han dilapidado gran parte de nuestros recursos, ¿cómo ha sobrevivido Extremadura?

Siempre he explicado que el paisaje de mi poesía es el de Plasencia y sus alrededores: la comarca de La Vera (de donde procede mi familia paterna) y los Valles del Jerte y del Ambroz. Cualquiera puede reconocerlo si se acerca a mis versos. A Extremadura la ha preservado la pobreza. Aunque resulte duro decirlo, gracias a eso ha sobrevivido en ella un patrimonio natural (y cultural, por lo mismo) que es la envidia del mundo. Por aquí, téngase en cuenta, no pasó la Revolución Industrial. Nos hemos mantenido en torno a la agricultura y la ganadería, muy apegados a la tierra, y el medio rural tampoco se ha despoblado. Además, carecemos de grandes ciudades.

La riqueza natural de Extremadura, contar con paisajes casi vírgenes, se debe sin duda al hecho de haber sido una comunidad relegada, ajena a la industrialización. ¿Crees que se podría aprovechar ahora esa riqueza para potenciar la economía de la región, para impulsar un modelo de desarrollo diferente? En este sentido, ¿qué opinas de la construcción de la polémica refinería en Tierra de Barros?

Ya lo decía en parte al responder la pregunta anterior. Supongo que estamos en la mejor disposición para que nuestro desarrollo sea, sobre todo, sostenible. No hemos cometido las grandes torpezas (por no decir desastres) de otros. Y ahí, las energías alternativas (que ya han empezado a implantarse) son una pieza clave. En cuanto a la famosa refinería, dejé escrito, apenas apareció su amenaza en el horizonte, que suponía un punto de inflexión, un antes y un después decisivo para Extremadura. A mi modo de ver, echaba por tierra la política ejemplarmente mantenida desde la Junta respecto a la conservación y respeto del medio ambiente. A mí nunca me gustó la idea. Más allá de sus problemas contaminantes, ¿hay algo más feo que una refinería? Es verdad que, como muchos, no fui demasiado contundente en el rechazo. Esta sociedad poco civil es así. Quizá porque, de construirse, quedaría muy lejos de mi casa. O porque prometía no sé cuántos puestos de trabajo y grandes recursos para una región pobre y con un paro excesivo. Veremos, con todo, qué pasa.

Algunos economistas creen que se debería subvencionar a las zonas rurales por el mero hecho de que gracias a sus poblaciones se están conservando los espacios naturales, de los que nos beneficiamos todos.

Los extremeños podemos sentirnos orgullosos de no haber “cerrado” ningún pueblo durante los últimos años, aunque la población rural vaya descendiendo. Esa es otra de las claves de la política de la Junta desde que tenemos Estatuto de Autonomía. No sé cuánto va a resistir el modelo. Debería hacerse lo imposible para que aguantara. Siquiera sea a costa de las indeseables subvenciones. Nos va no poco en ello. Que se lo digan si no a los castellano-leoneses, pongo por caso.

He leído en tu blog que en Plasencia, tu ciudad natal, pretenden recalificar uno de los pocos espacios singulares que quedan dentro de los límites municipales. Una iniciativa que cuenta con tu rechazo.

Mi ciudad no ha tenido suerte con sus políticos municipales. O será que los placentinos, en general, no hemos sido capaces de construir una ciudad habitable y moderna, en el mejor sentido. Aquí se ha ido a lo fácil. Destruir naturaleza, por ejemplo, y enladrillarlo todo. A lo bestia. De la peor manera posible. Sin idea, ya digo, de ciudad. Por encima de cualquier noción aceptable de urbanismo. Entre esos destrozos cabe mencionar el del monte público de Valcorchero. Un bosque de encinas y alcornoques (mediterráneo en suma) que los bloques, los adosados y las casas se han ido comiendo. Ahora pretenden desde el ayuntamiento socialista darle otro buen bocado. Una pena. Menos mal que hay algunos grupos políticos en contra (no los de la oposición del PP, que uno sepa). Y asociaciones dispuestas a luchar por su conservación. Uno estará en esa batalla. Cada vez estoy más cerca de la defensa medioambiental, del ecologismo, y creo que un partido verde, serio y competente, es necesario en España.

Eres un andarín confeso. Y eso me recuerda a lo que decía Thoreau: “Mientras caminas, el pensamiento fluye”. ¿En qué medida te ayuda el paseo a ordenar tus ideas, a crear?

Es verdad, me gusta caminar. Una tradición, la del paseo, muy literaria. Me ayuda, sin duda. En lo físico (si es que se puede separar de lo mental), porque no practico deporte. De joven hice algo de montañismo. Al fin y al cabo, vuelvo al principio, uno vive rodeado de montañas. Más allá, como bien dices, me ayuda a ordenar pensamientos y, de vez en cuando, incluso a pergeñar poemas. En esto de caminar componiendo ya tuvimos un maestro: Claudio Rodríguez.

Por Javier Morales Ortiz, periodista y escritor.

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