Verde y en botella
SOSTENIBILIDAD
'Drill, baby, drill', por Caty Arévalo
Una de las primeras paradas de mi periplo americano ha sido Alaska, antes de que el hielo y la nieve me impidieran llegar a algunos de los maravillosos y recónditos lugares de este estado inmenso, que ocupa casi tres veces el territorio de España.
Alaska, 'La última frontera', es un lugar tan -o más- fascinante como parece en todos los sentidos; y el paraíso de un periodista ambiental por la innumerable cantidad de temas interesantes que hay para indagar. De hecho la mayor parte de los contenidos del periódico de mayor tirada, el Anchorage Daily News, son ambientales.
Seleccionar en qué centrarme en un tiempo limitado ha sido una decisión difícil, pero finalmente he optado por proyectos mineros bastante controvertidos, por el sistema de control de volcanes o el impacto que está teniendo el cambio climático en la industria pesquera.
No he profundizado más en las perforaciones petroleras en el Artico porque creo que los hechos son de sobra conocidos (El Gobierno Federal ha autorizado a Shell a perforar a 70 millas de la costa noroeste de Alaska, en el mar de Chukchi). Sin embargo, si me ha interesado mucho conocer la 'actitud' que tiene la gente en Alaska hacia esas perforaciones y hacia lo que conllevan.
Durante 16 días he llevado a cabo un sondeo tremendamente 'casero' con casi todas las personas que me he ido encontrando en el camino, lo cual incluye un espectro tan variopinto como camareros, pescadores, científicos, limpiadores de hoteles, periodistas o empleados de parques nacionales, entre otros. Estos son algunos de los hallazgos:
La mayoría de la gente con la que he hablado apoya las perforaciones en el Artico, cree que las petroleras están preparadas tecnológicamente para llevarlas a cabo sin grandes riesgos y, en general, esta encantada con que se hagan. Matiz: La mayor parte de los que me han dado esta respuesta viven en dos de las grandes ciudades de Alaska (Anchorage o Fairbanks), a bastantes kilómetros del lugar donde se extrae el petróleo actualmente y de donde se planea extraerlo en un futuro; y, por lo general, no sufrirían muy directamente las posibles consecuencias de un vertido. Si disfrutan, sin embargo, de los beneficios del petróleo (en merma en las explotaciones actuales). Entre el 70 y el 80 por ciento de los ingresos del estado de Alaska vienen de las tasas que cobran a las petroleras; lo que da lugar no solo a que sus ciudadanos no pagen prácticamente impuestos sino que además reciban un cheque anual por el reparto del dividendo anual del Fondo Permanente del Petróleo (PFD, es sus siglas en inglés). Ese cheque oscila entre los 1.000 y los 2.500 dólares por ciudadano al año, y aunque se cobra desde el año 82, su cuantía fue incrementada notablemente por la ex gobernadora de Alaska Sarah Palin: la misma que hizo popular la frase que da título a este post cuando, en su fallida campaña a la vicepresidencia norteamericana por el partido republicano en 2008, predicaba la necesidad de seguir perforando.
Aunque no tan entusiastamente como los republicanos, los políticos demócratas del Estado también apoyan las nuevas perforaciones. Y también lo hace el principal periódico, que en las elecciones 2008 apoyó a Obama.
De lo que más me ha sorprendido de este apoyo mayoritario a las perforaciones, es encontrarlo en trabajadores de parques nacionale. Curiosamente, el dinero para la conservación de estos espacios también viene de las tasas de las petroleras. Y el consenso necesario para poder construir el gran oleoducto de Alaska (1977) se logró gracias a la aprobación del gran hito en la conservación de Alaska, el ANILCA (Alaska National Interest Lands Conservation Act) que en el año 1980 convirtió 400.000 km2 de terrenos públicos en una red de parques nacionales y reservas naturales.
La principal oposión a las perforaciones la he percibido en pequeñas poblaciones de la península Kenai, cercanas a Valdez, el puerto donde se produjo el vertido del Exxon Valdez en 1989. Ninguna de las personas con las que he hablado que vivió o sufrió la contaminación de las más de 40.000 toneladas de crudo derramadas quiere oír hablar de nuevas exploraciones u oleoductos. La oposición en los pescadores de la zona (parque nacional) y en la gente que opera empresas turísticas es total. Difícil que sean mayoría porque la mayor parte de los menos de 700.000 habitantes de Alaska vive en una de sus tres grandes ciudades.
Me gustaría saber si las varios miles de personas nativas que viven frente a la costa donde se llevan a cabo las nuevas perforaciones también están de acuerdo con ellas, pero no he podido llegar a esta última frontera. Estaría por ver si estas personas, que en su mayoría viven de la subsistencia, del pescado que cogen en verano y se comen ahumado en invierno, también claman tan entusiasmadas esa frase tan popular en este Estado, 'Drill baby drill'.

















