Turismo rural, urbano, pero … y comunitario: Barcelona y los indígenas de LATAM. Por Arturo Crosby*

Turismo rural, urbano, pero … y comunitario: Barcelona y los indígenas de LATAM. Por Arturo Crosby*

Si bien parecía que esta temática había pasado al olvido, pues no es cierto, tanto porque es una asignatura pendiente en muchos países y regiones con zonas rurales, es decir la gran mayoría, como también por la reciente moratoria de alojamientos turísticos, lanzada por la alcaldía de Barcelona, que si bien no es nada rural, si entra en la gestión de un turismo y su comunidad, especialmente cuando se sobrepasa los límites de su capacidad de carga social y cultural.

La alegría de estos últimos años, por el gran número de turistas y excursionistas (La mayoría cruceristas), por el low cost y otros (alojamientos alegales,…) han provocado reacciones negativas de la población residente que ha conducido a que sea el propio gobierno municipal quien ha determinado un stop al crecimiento desordenado, dejando gran cantidad de licencias de apertura en stand by, por al menos 1 año.

Porque cuando hablamos de comunidad, no necesariamente ha de referirse a etnias, grupos marginales, etc sino a la población local o residente, ya sea en sitios rurales o urbanos.

Pero sin embargo, cuando se habla de turistas que visitan y se alojan en comunidades, en especial indígenas y campesinas, se da por hecho que responden a un perfil de poco poder adquisitivo, con interés o motivación por la vivencia, culturas diferentes, experiencias cósmicas, ….una especie de hipismo que de alguna manera excluye a otros turistas y no digamos excursionistas, no aptos para poder disfrutar de este tipo de experiencias únicas y memorables, consistentes básicamente en un alojamiento y una restauración, como esencia del negocio turístico.

Es decir, que si nos referimos a la oferta turística y en parte al producto turístico, es básicamente lo mismo, pero que responde a unas expectativas más básicas, pero no porque no se busquen otras sino porque no se ofrecen.

Existe un ruido de fondo, en esta tipología de turismo, desde sus orígenes, en el que se quiere negocio turístico, pero evitando el negocio per se, pero planificado más hacia una gestión social que turística.

Entiendo los fines de preservación del patrimonio social y cultural de la comunidad, pero cuando se introduce el turismo, se busca la generación de ingresos y beneficios monetarios, amén de otros impactos positivos y o se enfoca en esa dirección o no podrá ser un proyecto exitoso.

Cuando tuve la oportunidad de trabajar estos temas y fui director de un programa de formación para emprendedores turísticos comunitarios en la Provincia de Imbabura (Ecuador), me di cuenta del peligro de la mala conceptualización de la oferta, con un lastre equivocado pero voluntarioso, que solo conducía a resultados negativos, ya que se les ofrecía un escenario de turistas conformistas (bajas expectativas y motivaciones complejas, con diferentes acepciones y variados fines en sus experiencias), dispuestos a pagar por lo que se ofreciese y claro el mercado no funciona así.

También es cierto que existen algunas organizaciones comunitarias que han logrado “profesionalizarse” (El entrecomillas es en sentido positivo) como los Saranguro, por ejemplo.

Siempre ha existido una asociación, involuntaria de identificar ciertas ofertas turísticas, con cierto mercado. Véase, el turismo rural , el turismo comunitario, ecoturismo….con una demanda de “mochileros”, “hippies”, estudiantes, voluntariado …en general turistas con poca capacidad de gasto y por tanto, poca generación de ingresos.

Sin embargo como leía en un artículo de un crítico manifiesto como es Ernest Cañada (Alba Sud),.…”el Turismo Comunitario debe orientar su desarrollo hacia el mercado de los sectores con mayor poder adquisitivo y dar por superada la etapa de los grupos solidarios, mochileros o visitantes de bajos ingresos”.

Quizás cabe añadir mi concepto de “lujo”, como experiencias exclusivas y únicas que un cliente puede obtener y que en este caso puede gestionarse muy eficientemente si se sabe hacer.

Poner al alcance un patrimonio natural, bajo un paraguas conceptual de su capital social y cultural, no solo logra una diferenciación y posicionamiento privilegiado, sino que además puede crear experiencias únicas y memorables.

Y tengan en cuenta, que no por recibir más turistas, se genera más ingresos y beneficios económicos y mucho menos desarrollo local. Si no, si s e aplica una planificación basada en la sostenibilidad competitiva y nunca creando falsas expectativas en la comunidad oferente ni en la demanda, porque no es necesario.

¿Se imaginan el modelo de una ciudad turística como Barcelona (en especial el alquiler de pisos, casas,…) en una comunidad indígena o campesina?

Sin embargo, es y puede ser rentable y sostenible sin tener que prometer una realidad imaginaria.

Un cordial saludo,

*Arturo Crosby

Editor Naturalae (Texto y foto)




Secciones:   
Redacción EFEverde
Un equipo de periodistas especializados en periodismo e información ambiental de la Agencia EFE www.efeverde.com y www.efefuturo.com

Uso de cookies

Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y mostrarle publicidad relacionada con sus preferencias mediante el análisis de sus hábitos de navegación. Si continúa navegando, consideramos que acepta su uso. Puede obtener más información, o bien conocer cómo cambiar la configuración, en nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

ACEPTAR
Aviso de cookies