Humanos con formación digital y máquinas éticas: los retos de la actual revolución tecnológica. Por (*) Francisco González

Humanos con formación digital y máquinas éticas: los retos de la actual revolución tecnológica. Por (*) Francisco González

Quienes, como es mi caso, hemos sido testigos del arranque de la era digital -comencé mi vida profesional como programador-, estamos permanentemente imbuidos de un sentimiento de fascinación ante los continuos avances de la informática. En cambio, quienes han nacido en un mundo ya poblado por ordenadores, y envuelto en la web, toman su existencia como algo absolutamente natural, completamente integrado en su vida diaria. Esas vivencias tan diferentes a distancia de no más de dos generaciones son muestra de la transformación interna y los efectos de una familia de tecnologías que han desencadenado una profunda revolución socioeconómica, uno de esos raros procesos que representan un cambio de primera magnitud en la trayectoria de la humanidad.

Dos variables caracterizan esta revolución. Una es el breve intervalo temporal entre la constitución del campo científico y su traslación a innovaciones incrementales. Frente a disciplinas como la física y las matemáticas, la informática es un campo de conocimiento joven. La otra variable es el hecho de que la informática es una “tecnología universal”, frente a las llamadas “tecnologías dedicadas” a una reducida gama de funciones especificadas expresamente en su diseño. La universalidad del ordenador, su carácter intrínsecamente abierto y ubicuo, explica su penetración masiva.

Además, la informática establece una relación de retroalimentación con todo aquello que toca: cuanto más avanza el conocimiento en todos los ámbitos con el concurso de la informática, más progresa la propia informática, que recibe insumos de disciplinas tan variadas como la ciencia cognitiva, la lingüística, la lógica, la psicología o la física.

El origen de esta revolución tecnológica no está muy lejano en el tiempo. El crecimiento inflacionario de la informática comenzó hacia los años treinta del siglo XX, resultado de una interacción inusualmente estrecha entre industria y academia. La necesidad de calcular más y mejor hizo que a mediados del siglo pasado se empezara a reemplazar a las personas especializadas en elaborar tablas por las primeras máquinas computadoras, un proceso de automatización que rápidamente ganó velocidad. Las necesidades de procesamiento de datos e información de las grandes organizaciones -muy especialmente del ejército- tuvieron un papel muy significativo en el arranque de esta etapa de la informática, y corrieron en paralelo a los avances científicos.

En pocos meses se cumplirán setenta años de la publicación de Una teoría matemática de la comunicación, la obra en la que Claude Shannon identifica la unidad fundamental de la información como una situación binaria: cero/uno, on/off… el bit de información. En esa misma época, y también en el mismo sitio -los Laboratorios Bell, integrados en una empresa, no en una universidad, tres físicos que buscaban alternativas a las válvulas de vacío empleadas en las hasta entonces gigantescas computadoras inventaron el transistor, contribuyendo con ello al despegue de un campo científico que iba a ser -y continua siendo hoy- fundamental para la industria electrónica. Muchos desarrollos teóricos -no solo aplicados- ocurren hoy en compañías del universo digital y de las telecomunicaciones; se tienden así puentes entre la academia y la empresa, con ganancias para ambas.

Guiada por la necesidad, y por la impredecible demanda de sus usuarios, la informática ha crecido hasta convertirse en la tecnología transformadora que es hoy. Poniendo la información al alcance de todos, y gracias al abaratamiento de los dispositivos, la informática está demostrando ser una tecnología altamente democratizadora, de enorme impacto en prácticamente todos los estratos sociales. Una tecnología capaz tanto de infiltrarse en las tareas cotidianas -hacer una transferencia bancaria desde nuestro móvil-, como de alterar la organización de las empresas, el consumo, la comunicación, el entretenimiento, la generación de conocimiento, el cuidado de la salud y las relaciones personales.

En particular el ámbito de la empresa está sometido hoy a un proceso de cambio imparable. El perfil de los tradicionales sectores económicos se está haciendo progresivamente borroso o permeable, con empresas originarias de un sector adentrándose en otros, cambiando la gama de bienes y servicios que venían ofreciendo.

Agilidad y capacidad de respuesta a las expectativas de clientes y “stakeholders” son vectores fundamentales asociados al nuevo entorno y cultura digital de la sociedad, con valores muy distintos de los de un pasado no distante. En BBVA estamos convencidos de que debemos ir mutando a ritmo acelerado hacia una empresa digital multiservicio, lo que involucra cambiar el modo de organización, los perfiles profesionales, la cultura, el dominio de la tecnología, la paleta de productos que diseñamos, haciéndolos accesibles desde cualquier lugar y por múltiples canales y, también, la transparencia y estándares éticos que exige la sociedad digital del presente.

Esta visión ha ido tomando forma entre nosotros desde hace ya diez años. Pero queremos ir más allá, aprendiendo de empresas líder de otros sectores, empresas jóvenes de todos los tamaños que han surgido en la era digital y que han hecho de la información, el conocimiento y la comunicación la base para el diseño y entrega de servicios altamente personalizados, bastantes de ellos inexistentes unos pocos años atrás.

Sabemos, por supuesto, que ninguna transformación radical está exenta de retos. El primero y fundamental es de naturaleza conceptual: necesitamos entender bien dónde estamos, y cuál es la dirección del cambio.

Cohabitar el planeta con computadores

Nos encontramos a las puertas de rebasar con mucho lo que Herbert Simon, premio Nobel y uno de los padres de la Inteligencia Artificial, predijo hace varias décadas: cohabitar el planeta con computadores. Hoy esos computadores están muy próximos a las funciones más humanas, las de la inteligencia. Al acercarnos a esos niveles de actuación inteligente hemos tomado conciencia de que precisamos dotar de criterio ético a las máquinas más sofisticadas.

A escala social, otro de los retos colectivos de mayor envergadura es el riesgo del aumento del desempleo. Con las nuevas tecnologías, un número creciente de tareas serán desempeñadas, con toda probabilidad, por máquinas o sistemas inteligentes. La solución pasa por fomentar, mejorar, adaptar, impulsar al máximo, la formación. Solo así podrá suceder lo ya observado en periodos de transformación anterior derivados de la introducción de nuevas tecnologías: la aparición de nuevos perfiles y funciones que mejoran las condiciones de vida del conjunto de la población.

Para convertir los retos de esta revolución digital en oportunidades, es preciso ofrecer a las futuras generaciones los conocimientos y habilidades que les permitan adaptarse a los nuevos perfiles profesionales que reclaman los sectores productivos.

Sirvan de inspiración los seis jóvenes, menores de treinta años, ganadores de la primera edición de los Premios de Investigación Sociedad Científica Informática de España-Fundación BBVA. Ellos han sabido detectar las inmensas oportunidades que les ofrece su campo, y las han aprovechado con éxito.

Nuestra Fundación tiene como fin prioritario promover y difundir el conocimiento de base científica. Es un objetivo que perseguimos mediante varías líneas de actividad, entre las que destacan nuestros programas de ayudas a equipos de investigación y las Becas Leonardo a investigadores y creadores, así como varias familias de premios.

A los que ya dedicamos a la Física y las Matemáticas, sumamos ahora los Premios de Investigación Sociedad Científica Informática de España-Fundación BBVA, con los que expresamos nuestra convicción de que la ciencia informática es en la actualidad un campo de interés preferente, que debe serlo aún más.

Los trabajos de los jóvenes informáticos galardonados incluyen sistemas que permiten medir la compatibilidad de un trasplante hepático; el más sofisticado tratamiento digital de imágenes; la optimización del rendimiento de los procesadores y ordenadores; la utilización de big data para luchar contra enfermedades; y la generación automática de predicciones meteorológicas comprensibles para todos. Son aportaciones que fortalecerán aún más el poder transformador de las tecnologías informáticas. Reconociendo a sus autores, dando visibilidad a las personas que de manera sobresaliente desplazan hacia delante las fronteras del conocimiento y su aplicación, buscamos transmitir al conjunto de la sociedad y a los decisores públicos y privados, a los creadores de opinión, que el conocimiento importa, y mucho.

  • * Extracto del discurso de Francisco González, presidente de la Fundación BBVA, en la ceremonia de entrega de los premios de la SCIE y Fundación BBVA Esta tribuna puede reproducirse citando su autoría y a EFEverde / EFEfuturo

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